Cada vez que el cielo «se cae» sobre la Ciudad de México, el resultado no es un simple remojón, sino un colapso hídrico sistemático. Lejos de ser un capricho de Tláloc, las recurrentes inundaciones que paralizan vialidades primarias y atrapan vehículos son el desenlace previsible de una «tormenta perfecta» compuesta por geografía alterada, infraestructura con más de medio siglo de antigüedad y una falta de civismo que tapona el desfogue de agua. El problema no es solo que llueva mucho, sino que el agua no tiene adónde ir, atrapada entre desechos sólidos y un suelo que se hunde de manera irregular.
Según datos internos del Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex), el 60% de los encharcamientos graves se debe a la acumulación de basura en la vía pública, que termina obstruyendo lumbreras y alcantarillas. Cada año, las cuadrillas de desazolve extraen más de seis mil toneladas de desechos sólidos de las redes de recolección, una cantidad que inabilita cualquier capacidad de respuesta ante tormentas extraordinarias. Esta acumulación convierte las coladeras en tapones de plástico y materia orgánica, provocando que el agua suba de nivel rápidamente en las calles.
Un factor crítico y silencioso es el hundimiento diferencial acelerado que sufre la capital, construida sobre el antiguo lecho lacustre del Valle de México. Al extraer agua del acuífero, el subsuelo —que actúa como una esponja— pierde volumen y se compacta de forma irregular. Esto genera «contrapendientes» en el sistema de drenaje primario y secundario, que originalmente funcionaba por gravedad de sur a norte. En lugar de fluir hacia las salidas naturales o el Sistema del Drenaje Profundo, el agua residual y pluvial se ve forzada a regresar a la superficie o requiere de bombeo constante.
Este fenómeno de hundimiento, medido por organismos como la NASA en hasta 2 centímetros por mes en algunas zonas, afecta particularmente a alcaldías como Venustiano Carranza, Iztapalapa y Benito Juárez. En Iztapalapa, por ejemplo, donde algunos colectores primarios datan de las décadas de 1950 y 1960, la deformación del terreno compromete la integridad estructural de las tuberías y reduce la vida útil de obras críticas, como las vías del Metro, aumentando la vulnerabilidad ante lluvias intensas.
La infraestructura de desalojo de agua opera a su máxima capacidad histórica. El Emisor Central y el Emisor Oriente, piezas clave del Drenaje Profundo diseñado para llevar el agua fuera del valle hacia el estado de Hidalgo, están saturados durante las tormentas. Mientras tanto, el crecimiento desmedido de la mancha urbana ha impermeabilizado el suelo con asfalto y concreto, impidiendo la infiltración natural y obligando a que todo el caudal dependa de un sistema de tuberías que en sus tramos más antiguos supera los 50 años sin una sustitución integral.
Expertos en urbanismo e hidrología de la red interna de Maya Comunicación advierten que el despliegue de camiones vactor para succionar agua cuando esta ya cubre las portezuelas de los autos es una medida puramente reactiva. La solución real no radica en el «apaga-fuegos» operativo, sino en una transformación de la gestión hídrica que combine la renovación de colectores principales con estrategias de infraestructura verde y recarga dirigida de acuíferos para estabilizar el suelo.
Para este año, se anunció una inversión de 4,500 millones de pesos para drenaje y fugas, de los cuales una parte considerable se destina al desazolve y a la rehabilitación de colectores, como el proyectado en Ejército de Oriente, Iztapalapa. Además, el programa «Basura Cero» busca procesar el 50% de los residuos sólidos. Sin embargo, estas cifras son apenas una fracción de lo que se requiere para una sustitución integral de la red obsoleta y para contrarrestar los efectos del hundimiento regional.
Para los capitalinos, la «agenda de supervivencia» durante la temporada de lluvias implica mantenerse informados sobre los pronósticos meteorológicos, que anticipan tormentas eléctricas y granizo, así como las restricciones de movilidad como el «Hoy No Circula» (engomado rosa, placas 7 y 8, hologramas 1 y 2). Las autoridades reiteran la importancia de no tirar basura y barrer las coladeras, ya que, aunque la tranza estructural sea monumental, la acción individual de no tapar el drenaje es lo único que puede evitar que el desmadre de agua llegue hasta sus portones.



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