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¿Por qué los mosquitos te eligen a ti? La ciencia explica quiénes son sus «víctimas favoritas»

Para muchas personas, una tarde al aire libre en temporada de calor termina con varias picaduras de mosquito, mientras que quienes están a su lado parecen salir completamente ilesos. Esta diferencia ha alimentado durante años la creencia de que algunas personas tienen una especie de «imán» natural para estos insectos. Y, aunque la expresión es exagerada, la ciencia confirma que existe algo de verdad detrás de esa percepción.

Los especialistas coinciden en que no todos los seres humanos resultan igual de atractivos para los mosquitos. Sin embargo, esta preferencia no es permanente ni responde a características simples como el color de los ojos, el tipo de sangre o el tono de piel. Detrás de ella existe una compleja combinación de señales químicas y biológicas que los científicos todavía intentan comprender en su totalidad.

Según Frédéric Simard, director de estudios del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia, de las más de 3 mil 500 especies de mosquitos identificadas en el mundo, alrededor de un centenar pica a los seres humanos y apenas unas cuantas son responsables de transmitir enfermedades como la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, la chikunguña, el zika o el virus del Nilo Occidental.

«No es un mito: no todos somos iguales ante el apetito de los mosquitos. Pero tampoco somos imanes todo el tiempo», explicó el entomólogo médico en declaraciones a la agencia AFP.

La búsqueda de una víctima comienza mucho antes de que el mosquito se pose sobre la piel. Las hembras, que son las únicas que pican porque necesitan proteínas de la sangre para desarrollar sus huevos, utilizan sofisticados receptores sensoriales para detectar señales emitidas por los seres humanos.

Una de las primeras pistas es el dióxido de carbono que expulsamos al respirar. Rickard Ignell, investigador sueco especializado en la química de la atracción de los mosquitos, señaló que desde hace más de un siglo se sabe que estos insectos son capaces de detectar el CO₂ a varias decenas de metros de distancia.

Esa señal funciona como una especie de radar inicial. Cuando el mosquito se aproxima a unos diez metros, entra en juego un segundo elemento: el olor corporal. La mezcla de compuestos químicos que libera cada persona a través de la piel puede hacerla más o menos atractiva para estos insectos.

Los expertos consideran que este olor está estrechamente relacionado con la microbiota cutánea, es decir, el conjunto de microorganismos que habitan naturalmente sobre nuestra piel. Estos microorganismos descomponen sustancias producidas por el organismo y generan diferentes compuestos volátiles que los mosquitos son capaces de detectar.

Los seres humanos pueden emitir entre 300 y mil sustancias olorosas distintas. No obstante, los investigadores apenas están comenzando a identificar cuáles de ellas son responsables de despertar el interés de los mosquitos.

En un estudio reciente en el que participó Ignell, se analizó la atracción que ejercían 42 mujeres sobre ejemplares de Aedes aegypti, especie conocida por transmitir enfermedades como el dengue y la fiebre amarilla en amplias regiones del mundo.

Los resultados mostraron que existe una combinación específica de moléculas asociada con un mayor nivel de atracción. Los investigadores identificaron 27 compuestos químicos detectables por estos mosquitos y observaron que las mujeres consideradas más atractivas para los insectos producían cantidades ligeramente superiores de una sustancia derivada de la degradación del sebo llamada 1-octen-3-ol, también conocida como alcohol de hongos.

Uno de los hallazgos más sorprendentes fue comprobar que pequeñas variaciones en la concentración de este compuesto eran suficientes para modificar el comportamiento de los mosquitos y aumentar su interés por determinadas personas.

La investigación también reveló que las mujeres en el segundo trimestre del embarazo tendían a resultar más atractivas para estos insectos. Estudios previos han sugerido que durante esta etapa pueden producirse cambios fisiológicos que incrementan la temperatura corporal y alteran la composición química del olor emitido por la piel.

Por otro lado, algunas creencias populares han perdido fuerza ante la evidencia científica disponible. Aunque frecuentemente se afirma que las personas con ciertos grupos sanguíneos son más propensas a sufrir picaduras, Simard indicó que los estudios realizados hasta ahora son limitados y no ofrecen una base sólida para confirmar esa relación. Tampoco existe evidencia concluyente que vincule la atracción de los mosquitos con el color de los ojos, el cabello o la piel.

En cambio, algunos hábitos sí parecen influir. Diversas investigaciones han observado que el consumo de alcohol, especialmente cerveza, puede incrementar el atractivo de una persona para determinadas especies de mosquitos. Esto podría deberse a que el alcohol modifica temporalmente el olor corporal, aumenta la temperatura del cuerpo y altera la cantidad de dióxido de carbono exhalado.

Un estudio realizado en Burkina Faso encontró que ejemplares del género Anopheles, principales transmisores de la malaria, mostraban una mayor preferencia por los olores de personas que habían consumido cerveza en comparación con aquellos que habían bebido agua.

Comprender estos mecanismos resulta cada vez más importante desde el punto de vista de la salud pública. El cambio climático, la urbanización acelerada y la intensificación de los desplazamientos humanos han favorecido la expansión de especies como el mosquito tigre hacia regiones donde anteriormente no estaban presentes.

Este fenómeno incrementa el riesgo de transmisión de enfermedades y ha impulsado nuevas líneas de investigación destinadas a desarrollar métodos más eficaces de prevención y control.

Mientras la ciencia continúa descifrando por qué algunos individuos parecen ser el blanco favorito de estos diminutos insectos, los especialistas recomiendan adoptar medidas básicas de protección. El uso de ropa que cubra la mayor parte del cuerpo, la instalación de mosquiteros y la aplicación de repelentes continúan siendo las herramientas más efectivas para reducir las picaduras.

Y aunque no existe una fórmula infalible para dejar de ser atractivo para los mosquitos, moderar el consumo de alcohol y evitar la exposición en horarios de mayor actividad de estos insectos puede contribuir a mantenerlos a distancia.

Después de todo, ser el preferido de los mosquitos no es una cuestión de suerte ni de mala fortuna, sino el resultado de una compleja interacción entre la química del cuerpo humano y la extraordinaria capacidad sensorial de estos pequeños pero persistentes visitantes.