martes 23 de junio de 2026 · El pulso diario de México
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Auriculares y salud auditiva: el hábito cotidiano que podría estar dañando tu oído sin que lo notes

El uso de auriculares se ha convertido en una práctica habitual en la vida cotidiana de millones de personas en todo el mundo. Ya sea para escuchar música, atender llamadas, seguir podcasts o concentrarse en el trabajo y el estudio, estos dispositivos se han integrado de forma natural a las rutinas diarias gracias a la portabilidad y el avance tecnológico que ha facilitado su acceso.

Sin embargo, detrás de esta comodidad se esconde un riesgo que suele pasar desapercibido: la exposición prolongada a volúmenes elevados. Escuchar audio a niveles altos, especialmente en jóvenes y adolescentes, se ha vuelto una conducta frecuente, impulsada por la posibilidad de aislarse del entorno y experimentar el sonido de manera más intensa. Esta costumbre, aunque común, puede tener consecuencias importantes para la salud auditiva.

El principal problema radica en la forma en que el oído humano procesa el sonido. Dentro del oído interno existen células ciliadas encargadas de transformar las vibraciones sonoras en señales que el cerebro interpreta. Estas células no se regeneran cuando sufren daño, lo que significa que cualquier lesión en esta estructura puede derivar en pérdida auditiva permanente.

Los dispositivos actuales pueden alcanzar niveles de hasta 120 decibelios, una intensidad comparable a la de un concierto de rock, de acuerdo con diversas investigaciones. En contraste, organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) establecen que el umbral seguro de exposición se sitúa alrededor de los 85 decibelios, equivalente al ruido de una máquina de cortar césped. Superar ese límite, incluso durante periodos breves, puede causar daños en el oído interno.

El riesgo no solo está en la intensidad del sonido, sino también en la duración de la exposición. Escuchar música durante varias horas al día, especialmente a volúmenes altos, aumenta considerablemente la probabilidad de desarrollar problemas auditivos. Estudios recientes han documentado síntomas como dolor de oído, zumbidos, intolerancia al ruido e incluso pérdida auditiva temprana en personas jóvenes con hábitos de escucha intensiva.

Investigaciones médicas han alertado sobre una tendencia creciente de daño auditivo asociado al uso de auriculares. En algunos estudios, una proporción significativa de jóvenes usuarios presentó signos de deterioro auditivo subclínico, lo que indica que el daño puede estar presente incluso antes de que la persona perciba una disminución evidente en su capacidad de audición. Esta situación preocupa a especialistas en salud pública, ya que el uso de estos dispositivos continúa en aumento.

A pesar de estos riesgos, el uso de auriculares no tiene por qué ser perjudicial si se emplea de manera responsable. Los expertos recomiendan mantener el volumen por debajo del 60% de la capacidad máxima del dispositivo, lo que generalmente se traduce en un rango seguro de entre 65 y 85 decibelios. Además, se sugiere limitar el tiempo de uso continuo y aplicar pausas periódicas para evitar la fatiga auditiva.

Una de las recomendaciones más difundidas es la llamada regla 60/60: escuchar al 60% del volumen máximo durante no más de una hora seguida, seguida de un descanso de al menos 10 a 15 minutos. Este hábito ayuda a reducir la exposición prolongada y permite que el oído se recupere.

Los especialistas también destacan que la percepción de “comodidad auditiva” puede ser un buen indicador de seguridad: si es necesario elevar el volumen para bloquear el ruido externo, probablemente el entorno ya es demasiado ruidoso y el riesgo de daño aumenta. En esos casos, se recomienda buscar ambientes más silenciosos o utilizar auriculares con cancelación de ruido en lugar de incrementar el volumen.

En un contexto donde los auriculares forman parte esencial de la vida moderna, la clave está en el uso consciente. La tecnología permite disfrutar del sonido con gran calidad, pero la salud auditiva depende directamente de los hábitos de cada usuario. Pequeños cambios en el volumen y el tiempo de exposición pueden marcar la diferencia entre un uso seguro y un daño irreversible en la audición.