Durante años, muchos padres recibieron la recomendación de retrasar la introducción de alimentos potencialmente alergénicos, como el huevo o el cacahuate, por temor a desencadenar reacciones adversas en sus hijos. Sin embargo, la evidencia científica más reciente apunta en la dirección opuesta: ofrecer estos alimentos desde etapas tempranas de la vida podría ayudar a prevenir el desarrollo de alergias alimentarias.
Un nuevo estudio publicado el 8 de junio en la revista científica JAMA Pediatrics encontró que la introducción del huevo alrededor de los seis meses de edad se asoció con una disminución significativa en los casos de alergia a este alimento entre los bebés australianos. El efecto fue aún más notable en aquellos niños que padecían eccema desde etapas tempranas de la infancia.
La investigación fue liderada por Jennifer Koplin, profesora asociada de alergia infantil y epidemiología de la Universidad de Queensland, en Australia, y aporta evidencia a gran escala sobre el impacto positivo que pueden tener las nuevas recomendaciones alimentarias cuando son aplicadas de manera efectiva.
«Este estudio proporciona evidencia a nivel poblacional de que las guías actualizadas de alimentación infantil que recomendaban la introducción más temprana del huevo condujeron a reducciones medibles en la prevalencia poblacional de alergia al huevo», concluyeron los investigadores.
El estudio se desarrolló en Australia, país que en 2016 modificó sus directrices sobre alimentación complementaria para recomendar la introducción de alimentos alergénicos, como el huevo, durante el primer año de vida. Esta actualización se alineó con cambios similares implementados en otras naciones, incluidos Estados Unidos y varios países europeos.
Para evaluar el efecto de esta medida, los investigadores analizaron los datos de más de 7.200 niños pequeños de Melbourne que fueron evaluados al cumplir un año de edad. Los científicos compararon dos periodos: uno anterior a la actualización de las guías, entre 2007 y 2011, y otro posterior a la implementación de las nuevas recomendaciones, entre 2018 y 2019.
Los resultados mostraron una reducción relativa cercana al 18 % en la prevalencia de alergia al huevo tras la adopción de las nuevas pautas alimentarias, incluso después de ajustar los resultados considerando diferencias demográficas entre ambos grupos.
Uno de los hallazgos más relevantes fue el observado en bebés con eccema, una afección inflamatoria de la piel caracterizada por sequedad, irritación y picazón. Este grupo es considerado especialmente vulnerable al desarrollo de alergias alimentarias debido a las alteraciones en la barrera cutánea.
En estos niños, los casos de alergia al huevo disminuyeron de aproximadamente el 35 % a cerca del 22 %, lo que representa una reducción considerable del riesgo.
Los expertos explican que la forma en que el organismo entra en contacto por primera vez con una sustancia puede influir en la respuesta inmunitaria que desarrollará posteriormente.
La doctora Gina Coscia, especialista en alergia e inmunología de Northwell Health, en Nueva York, señaló que cuando un alérgeno alimentario entra inicialmente en contacto con el cuerpo a través de la piel, especialmente si esta presenta lesiones o inflamación, el sistema inmunológico puede interpretarlo como una amenaza y generar una respuesta alérgica.
Por el contrario, cuando el primer contacto ocurre mediante la ingestión del alimento, el organismo tiende a desarrollar mecanismos de tolerancia inmunológica.
«Si la introducción inicial de un alérgeno alimentario es por exposición oral, mediante la ingestión del alimento, eso produce una respuesta protectora frente al alérgeno», explicó Coscia.
Esta teoría constituye la base científica detrás de las recomendaciones actuales sobre la introducción temprana de alimentos potencialmente alergénicos durante la infancia.
El beneficio observado en bebés con eccema refuerza aún más esta hipótesis. Según Coscia, estos niños representan un grupo prioritario para las estrategias preventivas.
«Sabemos que los bebés con eccema son un grupo particularmente vulnerable a las alergias alimentarias debido a su barrera cutánea deteriorada», indicó la especialista. «Ver pruebas concretas de que esta reducción es aún más pronunciada en estos pacientes es muy importante».
No obstante, los especialistas subrayan que la introducción temprana de alimentos alergénicos debe realizarse siempre bajo la orientación del pediatra, especialmente cuando existen antecedentes familiares de alergias o cuando el niño presenta condiciones como eccema moderado o severo.
Además, los expertos enfatizan que no basta con ofrecer el alimento una sola vez. Para mantener la tolerancia inmunológica es importante que la exposición continúe de manera regular.
«Aconsejamos a los padres que la introducción temprana del alérgeno es clave, pero mantener ese alimento en la dieta varias veces por semana es fundamental para conservar la tolerancia», señaló Coscia.
Los hallazgos del estudio australiano representan un ejemplo de cómo las recomendaciones médicas basadas en evidencia pueden traducirse en beneficios reales para la salud pública.
Si bien se necesitan más investigaciones para comprender completamente los mecanismos implicados y determinar las mejores estrategias para diferentes poblaciones, los resultados respaldan la importancia de revisar y actualizar las prácticas de alimentación infantil conforme avanza el conocimiento científico.
Para muchas familias, la posibilidad de reducir el riesgo de alergias alimentarias mediante una intervención tan sencilla como introducir ciertos alimentos en el momento adecuado representa una oportunidad valiosa. Bajo supervisión médica, ofrecer huevo durante el primer año de vida podría convertirse en una herramienta efectiva para proteger la salud de los niños y disminuir la carga que las alergias alimentarias representan para millones de personas en todo el mundo.



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