TikTok se ha convertido en mucho más que una plataforma para ver bailes, retos o videos de entretenimiento. Para millones de adolescentes, también es una fuente cotidiana de recetas, recomendaciones de restaurantes, consejos nutricionales, tendencias gastronómicas y contenidos relacionados con el cuerpo y la alimentación. Sin embargo, esa enorme cantidad de información puede tener un efecto de doble filo: mientras algunos videos despiertan la curiosidad por probar nuevos alimentos o aprender a cocinar, otros pueden reforzar la cultura de las dietas, promover ideales corporales poco realistas y difundir afirmaciones sobre salud que no siempre tienen respaldo científico.
Un reciente estudio publicado en el Journal of Nutrition Education and Behavior, en el que participaron 25 adolescentes de entre 15 y 16 años, exploró precisamente cómo los jóvenes perciben la influencia de TikTok en su relación con la comida y qué papel desempeñan sus padres en este entorno digital. La investigación encontró que los contenidos alimentarios pueden despertar antojos, motivar a probar productos nuevos e incluso modificar la manera en que algunos adolescentes comen al intentar imitar los hábitos de influencers.
Adrianna N. Bell, una de las autoras del estudio, explicó que los adolescentes perciben TikTok como un entorno especialmente atractivo, donde los contenidos relacionados con la comida logran captar su atención rápidamente y pueden despertar el deseo de comer o de experimentar con algo que antes no conocían.
La comida viral también despierta curiosidad
Uno de los hallazgos del estudio es que las tendencias tienen un poder importante sobre la curiosidad alimentaria. Para los adolescentes, ver que una comida, bebida o producto aparece constantemente en sus redes puede generar la sensación de que hay algo especial detrás de ese fenómeno.
La lógica puede ser sencilla: si muchas personas están probando el mismo platillo y hablando de él, surge la curiosidad por descubrir qué tiene de diferente. Un participante resumió esta sensación al explicar que, al observar que muchas personas querían probar una comida de moda, también sentía el impulso de hacerlo para entender qué la hacía tan popular.
La manera en que los alimentos aparecen en pantalla también influye. Los videos con imágenes atractivas, tomas cercanas de la comida, preparaciones llamativas y comentarios positivos pueden transformar la curiosidad en un auténtico antojo. Los participantes señalaron que incluso los comentarios de otros usuarios podían influir en la decisión de confiar o no en una recomendación.
En este sentido, TikTok puede funcionar como una especie de escaparate gastronómico permanente, donde una receta casera, un restaurante o un producto nuevo puede pasar rápidamente de ser desconocido a convertirse en algo que miles de personas quieren probar.
Los influencers y la idea de comer para conseguir cierto cuerpo
El estudio también pone sobre la mesa una influencia más delicada: la relación entre los hábitos alimentarios de los influencers y la imagen corporal de los adolescentes.
Algunos participantes explicaron que habían observado a creadores con físicos musculosos o considerados atractivos y, a partir de ahí, comenzaron a investigar qué comían. En algunos casos, esa observación los llevó a modificar su propia alimentación con la intención de acercarse al aspecto físico del influencer.
Aquí el mensaje no necesita ser una recomendación directa de un producto o una dieta. Basta con presentar un determinado estilo de vida en el que la comida aparezca como parte de la fórmula para conseguir un cuerpo específico.
El problema es que la alimentación, las necesidades energéticas, la genética, el nivel de actividad física y las condiciones de cada persona son diferentes. Copiar lo que come otra persona no garantiza obtener los mismos resultados y puede llevar a prácticas alimentarias poco adecuadas, especialmente en una etapa como la adolescencia, cuando la relación con el cuerpo y la comida todavía está en proceso de formación.
Una de las participantes relató que, cuando era más pequeña, siguió una dieta que había encontrado en TikTok y que prometía adelgazar en apenas 22 días. Con el tiempo, su madre le explicó que los cuerpos y estilos de vida de los influencers son distintos y que replicar exactamente su alimentación no necesariamente produciría el mismo efecto.
Cuando ver comida rápida una y otra vez cambia la percepción
Otro de los aspectos más relevantes de la investigación está relacionado con el algoritmo de TikTok y su capacidad para repetir determinados tipos de contenido.
Los adolescentes participantes comentaron que lo que aparecía constantemente en su página personalizada For You podía influir en sus decisiones y en la manera en que percibían ciertos alimentos. La exposición continua puede llegar a normalizar aquello que se observa una y otra vez.
Uno de los jóvenes expresó que veía tanta comida rápida en la plataforma que había comenzado a dejar de percibirla como algo poco saludable, a pesar de reconocer que podía serlo.
Esta situación coincide con preocupaciones más amplias sobre la publicidad de alimentos en redes sociales. Los adolescentes están expuestos a una combinación constante de anuncios, recomendaciones, reseñas y publicaciones de creadores de contenido. Además, en plataformas como TikTok la frontera entre publicidad y entretenimiento puede ser especialmente difícil de identificar.
Un video puede parecer una recomendación espontánea de un influencer, una simple reseña de restaurante o una tendencia divertida, aunque detrás exista una estrategia comercial. Esa integración hace que los mensajes relacionados con marcas y productos puedan percibirse de una forma diferente a la publicidad tradicional.
Investigaciones previas también han advertido que la promoción de productos con altos contenidos de grasa, azúcar y sal por parte de celebridades e influencers puede aumentar la intención de consumo entre adolescentes. En el universo de TikTok, donde el contenido se presenta de manera rápida, personalizada y aparentemente espontánea, distinguir entre una recomendación auténtica y un mensaje comercial puede resultar todavía más complicado.
El papel de los padres va más allá de vigilar la pantalla
Uno de los resultados más interesantes del estudio se encuentra fuera de TikTok. La mayoría de los adolescentes aseguró que sus padres tenían poca o ninguna participación en su uso cotidiano de la plataforma. Sin embargo, cuando existía una intervención, esta podía desempeñar un papel importante para interrumpir la exposición constante a contenidos sobre comida y fomentar una mirada más crítica.
No siempre se trataba de prohibir el uso de la aplicación o revisar cada video. Actividades cotidianas como compartir las comidas en familia, convivir con los hermanos o simplemente pasar tiempo lejos de la pantalla podían reducir las largas sesiones de desplazamiento y, con ello, la exposición continua a contenidos alimentarios.
Pero el elemento más importante parece ser la educación mediática. Enseñar a los adolescentes a preguntarse quién está detrás de una recomendación, si un contenido tiene fines comerciales, si una afirmación nutricional está respaldada por evidencia o si una dieta diseñada para una persona puede ser adecuada para otra podría resultar más útil que una vigilancia constante.
La investigación sugiere así que el acompañamiento de los padres puede centrarse menos en controlar cada publicación y más en ayudar a los jóvenes a desarrollar herramientas para interpretar críticamente lo que aparece en sus pantallas.
Una relación entre redes sociales y alimentación que merece atención
El estudio es pequeño y exploratorio, por lo que sus resultados no permiten afirmar que TikTok determine por sí solo la manera en que comen todos los adolescentes. Sin embargo, sí ofrece una ventana importante para entender cómo las redes sociales pueden intervenir en algo tan cotidiano como el deseo de probar un alimento.
Las conclusiones llegan, además, en un momento de creciente debate internacional sobre el impacto de las plataformas digitales en niños y adolescentes. En Estados Unidos, Meta enfrenta un proceso judicial por acusaciones relacionadas con el diseño potencialmente adictivo de Facebook e Instagram para usuarios jóvenes, mientras que en Europa TikTok ha sido objeto de cuestionamientos sobre la protección de menores y la seguridad de sus usuarios.
La discusión sobre TikTok y la alimentación añade una nueva dimensión a este debate. Las redes sociales no solo pueden influir en cómo los adolescentes se sienten respecto a su apariencia o en cuánto tiempo pasan frente a una pantalla; también pueden participar en la construcción de lo que consideran apetecible, saludable, popular o deseable.
Un video de pocos segundos puede despertar la curiosidad por una nueva receta, animar a alguien a probar un alimento diferente o inspirar a cocinar en casa. Pero también puede promover una dieta extrema, reforzar la idea de que determinado cuerpo es el modelo que debe alcanzarse o hacer que el consumo frecuente de comida rápida parezca completamente normal.
El reto, por tanto, no parece estar únicamente en alejar a los adolescentes de las redes sociales, sino en ayudarles a navegar un entorno donde la información, el entretenimiento, la publicidad y la imagen corporal aparecen mezclados en una misma pantalla. En una plataforma diseñada para captar la atención y mantener el interés, aprender a cuestionar lo que se ve puede ser tan importante como decidir qué se pone en el plato.



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