La posición que una persona ocupa entre sus hermanos podría tener un impacto mucho mayor del que tradicionalmente se pensaba. Más allá de influir en la personalidad, la dinámica familiar o el comportamiento, una nueva investigación científica encontró que el orden de nacimiento está asociado con el riesgo de desarrollar más de 150 enfermedades diferentes, desde trastornos del neurodesarrollo hasta padecimientos inmunológicos, gastrointestinales e incluso algunos problemas de salud mental.
El hallazgo fue publicado en la revista Nature y destacado por el cardiólogo y divulgador científico Eric Topol. El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Columbia, quienes analizaron los registros médicos de más de 10 millones de hermanos pertenecientes a 5.1 millones de familias en Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los trabajos más amplios realizados sobre este tema.
Según los autores, la enorme cantidad de información permitió elaborar un mapa prácticamente completo de cómo el orden de nacimiento puede relacionarse con distintos riesgos de enfermedad. Aunque los resultados muestran asociaciones estadísticas y no prueban una relación de causa y efecto, ofrecen nuevas pistas sobre la influencia de factores biológicos, inmunológicos y sociales en la salud.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos emplearon dos metodologías complementarias. En primer lugar, compararon la frecuencia de enfermedades entre hermanos pertenecientes a distintas familias, analizando más de 1.6 millones de pares. Posteriormente realizaron comparaciones dentro de cada familia, evaluando directamente las diferencias entre hermanos mayores y menores.
El análisis incluyó 569 enfermedades utilizando datos de la base Merative MarketScan, uno de los registros de reclamaciones médicas más grandes de Estados Unidos. De las 418 enfermedades que contaban con suficientes casos para realizar un análisis estadístico sólido, 150 presentaron una asociación significativa con el orden de nacimiento.
Los investigadores señalaron que ambos métodos arrojaron resultados muy similares, lo que aporta mayor solidez a las conclusiones. De hecho, las estimaciones coincidieron en más del 74 % de los casos.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que los primogénitos presentan un mayor riesgo de padecer diversos trastornos del neurodesarrollo, entre ellos el trastorno del espectro autista, el trastorno generalizado del desarrollo no especificado y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Además, los hermanos mayores mostraron una mayor frecuencia de enfermedades relacionadas con el sistema inmunológico, especialmente alergias alimentarias, rinitis alérgica y asma. El estudio también encontró asociaciones con una mayor incidencia de acné, trastornos de adaptación y enfermedades de las vías biliares, condiciones que hasta ahora apenas habían sido exploradas en relación con el orden de nacimiento.
En contraste, los segundos hijos presentaron un mayor riesgo de desarrollar problemas relacionados con el abuso de sustancias, además de diversas enfermedades gastrointestinales, como gastritis, duodenitis y síndrome de intestino irritable.
También registraron una mayor frecuencia de migraña, herpes zóster, enfermedades del apéndice y alteraciones del tejido conectivo, lo que sugiere que las diferencias entre hermanos abarcan una amplia variedad de sistemas del organismo.
Los investigadores plantean varias hipótesis para explicar estas diferencias. Una de ellas está relacionada con la llamada teoría de los «viejos amigos», que sostiene que la exposición temprana a microorganismos beneficiosos ayuda a desarrollar un sistema inmunológico más equilibrado.
Desde esta perspectiva, los primogénitos tendrían menos contacto con microorganismos provenientes de otros niños pequeños durante sus primeros años de vida, ya que todavía no existen hermanos menores en el hogar. Esto podría limitar la diversidad de su microbiota intestinal y favorecer una mayor predisposición a desarrollar alergias o enfermedades autoinmunes.
Otra explicación apunta hacia factores epigenéticos, es decir, cambios en la forma en que se expresan los genes sin modificar el ADN. Investigaciones previas ya habían encontrado diferencias en la metilación del ADN de recién nacidos dependiendo de su orden de nacimiento, lo que indica que ciertas variaciones biológicas podrían estar presentes desde el nacimiento.
En cuanto al mayor riesgo de abuso de sustancias observado en los segundos hijos, los especialistas consideran que podrían influir factores sociales y conductuales. Algunas teorías sostienen que los hermanos menores tienden a asumir más conductas de riesgo debido a la influencia de los mayores y a la dinámica familiar.
Los autores también sometieron sus resultados a diversos análisis para comprobar su consistencia. Los hallazgos se mantuvieron incluso al controlar variables como el estado de residencia, limitar el estudio únicamente a hermanos biológicos completos y aplicar criterios estadísticos más estrictos.
Aun así, los investigadores reconocen importantes limitaciones. La muestra estuvo compuesta principalmente por personas con seguro médico proporcionado por sus empleadores, un grupo integrado en su mayoría por individuos de ingresos medios y altos y de ascendencia europea. Además, la mayor parte del análisis se concentró en familias con uno o dos hijos, por lo que los resultados podrían no ser totalmente extrapolables a familias más numerosas.
Este nuevo estudio amplía significativamente investigaciones previas. En 2022, científicos de Suecia y de los National Institutes of Health (NIH) ya habían encontrado diferencias de salud relacionadas con el orden de nacimiento tras analizar registros médicos desde el nacimiento hasta los 70 años de edad.
Aquel trabajo mostró que los primogénitos suelen presentar peor estado de salud al nacer y una mayor atención médica por depresión y TDAH durante la infancia. En cambio, los hermanos menores registraban más hospitalizaciones durante la adolescencia y adultez, además de un mayor riesgo de lesiones, consumo de alcohol y drogas, así como enfermedades cardiovasculares en etapas posteriores de la vida.
Aunque ninguno de estos estudios afirma que el orden de nacimiento determine el futuro de una persona, ambos coinciden en que la posición dentro de la familia puede influir en distintos aspectos de la salud mediante una compleja combinación de factores biológicos, inmunológicos, ambientales y sociales.
Los especialistas subrayan que estos resultados deben interpretarse con cautela y que aún son necesarias nuevas investigaciones para comprender con mayor precisión los mecanismos responsables de estas diferencias. Sin embargo, el trabajo abre una nueva línea de investigación que podría aportar información valiosa para la salud pública, la medicina preventiva y el conocimiento sobre cómo el entorno familiar influye en el desarrollo humano.



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