miércoles 16 de septiembre de 2026 · El pulso diario de México
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La contaminación del aire también puede dañar tus ojos: el riesgo que va más allá de los pulmones

La contaminación del aire suele relacionarse con problemas respiratorios y cardiovasculares, pero sus efectos podrían extenderse a un órgano que pocas veces aparece en esta conversación: los ojos. Una nueva revisión de investigaciones encontró que vivir expuesto durante largos periodos a altos niveles de partículas finas conocidas como PM2.5 está asociado con un mayor riesgo de desarrollar glaucoma y cataratas.

El análisis fue dirigido por el Dr. Ahmed Alnabihi, del Hospital y Centro de Investigación Especialista en Ojos King Khaled, en Riad, Arabia Saudí. Su equipo revisó 41 estudios que en conjunto involucraron a millones de personas, con el objetivo de examinar si la contaminación atmosférica podía estar relacionada con algunas de las principales enfermedades oculares.

Los resultados mostraron que las personas que residían en las zonas con mayor contaminación por PM2.5 tenían hasta 70% más probabilidades de presentar glaucoma en comparación con quienes vivían en áreas con los niveles más bajos de estas partículas. El análisis también encontró que el riesgo de cataratas era consistentemente mayor entre las poblaciones expuestas a mayores concentraciones de contaminación.

Las PM2.5 son partículas microscópicas con un diámetro de hasta 2.5 micrómetros. Pueden encontrarse en emisiones de vehículos, humo y contaminación industrial, y debido a su diminuto tamaño pueden penetrar profundamente en el organismo. Su impacto no se limita al aparato respiratorio: la exposición a estas partículas se ha relacionado con procesos de inflamación y estrés oxidativo, mecanismos que podrían afectar diferentes tejidos.

¿Cómo podría afectar la contaminación a los ojos?

El glaucoma es una enfermedad que puede provocar un daño progresivo del nervio óptico, mientras que las cataratas afectan al cristalino del ojo, que pierde transparencia y dificulta el paso adecuado de la luz. Ambas son causas importantes de pérdida de visión y suelen estar asociadas con el envejecimiento, aunque existen múltiples factores que pueden influir en su aparición y progresión.

De acuerdo con Alnabihi, la exposición ambiental prolongada podría ser uno de esos factores. La hipótesis es que la inflamación y el estrés oxidativo provocados por las partículas contaminantes, acumulados durante años, podrían contribuir al deterioro de estructuras oculares.

Esto no significa que la contaminación sea la causa directa de estos padecimientos en todas las personas. El análisis encontró una asociación estadística entre los niveles de exposición y el riesgo de enfermedad, pero otros factores ambientales, sociales, genéticos y de salud también pueden intervenir.

La relación con la degeneración macular relacionada con la edad, otra causa importante de pérdida visual, fue mucho menos consistente. Aunque algunos de los trabajos analizados encontraron una posible asociación con la contaminación, el conjunto de la evidencia no fue tan uniforme como en el caso del glaucoma y las cataratas.

El problema va más allá del individuo

Los autores consideran que estos resultados también tienen implicaciones para las políticas de calidad del aire. Si la exposición prolongada a partículas finas está relacionada con un mayor riesgo de determinadas enfermedades oculares, reducir la contaminación podría contribuir a disminuir uno de los factores ambientales potencialmente modificables relacionados con la salud visual.

Entre las medidas señaladas se encuentran la reducción del tráfico contaminante y el incremento de los espacios verdes urbanos, además de estándares más estrictos para controlar la calidad del aire.

La importancia de esta investigación radica precisamente en ampliar la conversación sobre la contaminación atmosférica. Respirar aire contaminado no necesariamente produce un efecto visible de inmediato, pero una exposición repetida durante años puede involucrar procesos inflamatorios y oxidativos que afectan distintos órganos.

Por ahora, los resultados deben interpretarse con cautela. El trabajo fue presentado en Londres durante una reunión de la Sociedad Europea de Cirujanos de Cataratas y Refractos, por lo que sus conclusiones todavía son preliminares. Los estudios presentados en congresos médicos no se consideran evidencia definitiva hasta que los resultados son publicados en una revista científica con revisión por pares.

Aun así, los hallazgos aportan una nueva pieza al estudio de los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud. El aire contaminado puede ser invisible, pero sus posibles consecuencias podrían alcanzar mucho más allá de los pulmones y el corazón, incluyendo estructuras tan delicadas como el nervio óptico y el cristalino.