miércoles 12 de agosto de 2026 · El pulso diario de México
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El tráfico ilegal que está matando a los delfines rosados en la Amazonía ecuatoriana

Un collar elaborado con dientes de delfín rosado puede alcanzar los 125 dólares en un mercado artesanal de la Amazonía ecuatoriana. Detrás de este tipo de objetos existe una cadena de tráfico ilegal que, de acuerdo con un estudio publicado en abril de 2026, se ha convertido en la principal causa de muerte de los delfines de río en Ecuador.

La investigación, publicada en la revista científica Neotropical Hydrobiology and Aquatic Conservation, identificó y describió las amenazas directas e indirectas que afectaron a las poblaciones del delfín rosado (Inia geoffrensis) y del delfín gris (Sotalia fluviatilis) entre 2015 y 2025. Los investigadores documentaron 50 muertes durante ese periodo, aunque advierten que se trata de un subregistro debido a la dificultad de conocer todos los casos ocurridos en la extensa región amazónica.

La cacería directa para obtener dientes y grasa se mantiene como la principal amenaza, explicó Víctor Utreras, autor principal del estudio y biólogo de la conservación, quien lleva tres décadas investigando a estas especies. De las 50 muertes documentadas, 26 estuvieron relacionadas con el tráfico de partes de delfín, lo que representa 52% del total. De ellas, 23 correspondieron a delfines rosados y tres a delfines grises.

La segunda causa de mortalidad fue la captura incidental en redes de pesca, responsable de 28% de los casos. También se registraron muertes asociadas con colisiones con embarcaciones, fenómenos climáticos extremos y causas que no pudieron determinarse. Sin embargo, los investigadores advierten que, a largo plazo, la degradación de los hábitats y las sequías extremas podrían convertirse en amenazas todavía mayores para la supervivencia de estas especies.

Dientes convertidos en amuletos y mercancía

Los dientes de los delfines rosados se utilizan como amuletos y se comercializan tanto de manera individual como en collares. En algunas comunidades también se atribuyen supuestas propiedades afrodisíacas, mientras que la grasa se vende en pequeños recipientes para ser utilizada en medicina tradicional, aunque no existen efectos comprobados que respalden estas creencias.

El problema adquiere una dimensión especialmente grave debido a la cantidad de dientes que puede obtenerse de un solo animal. Un delfín rosado adulto tiene entre 92 y 140 dientes y, según los precios encontrados por los investigadores, cada uno puede venderse entre 25 y 50 dólares. Esto significa que la muerte de un solo ejemplar puede representar ingresos estimados de entre 2,300 y 7,000 dólares para quienes participan en su extracción y comercialización.

La investigación encontró venta ilegal en mercados y ferias de las nueve ciudades amazónicas visitadas, con una mayor incidencia en Puyo y Coca, capitales de las provincias de Pastaza y Orellana. El comercio tampoco se limita a los establecimientos físicos: el Ministerio de Ambiente y Energía proporcionó información sobre 25 publicaciones relacionadas con la venta de dientes de delfín rosado detectadas en redes sociales durante los cinco años previos al estudio.

La dimensión judicial también comienza a reflejar el problema. Tres personas fueron procesadas en Coca por comercializar partes de delfines: dos casos estuvieron relacionados con dientes de delfín rosado y otro con un cráneo de delfín gris. Al tratarse de especies consideradas en peligro de extinción en Ecuador, los procesos derivaron en sentencias que incluyeron prisión y multas.

Una práctica que creció durante la crisis económica

Para conocer mejor el origen de la amenaza, los investigadores recorrieron cientos de kilómetros de ríos en el norte y centro de la Amazonía ecuatoriana. También entrevistaron a 20 líderes comunitarios y 40 pescadores indígenas, organizaron talleres con 60 guías naturalistas y revisaron expedientes judiciales, además de visitar ferias y mercados de nueve ciudades amazónicas.

En comunidades indígenas de los ríos Shiripuno, Tiwino y alto Cononaco, el equipo documentó usos tradicionales de diferentes partes de los delfines, incluidos dientes, huesos, ojos y vulvas, asociados con rituales de atracción sexual y con supuestas prácticas para favorecer la buena suerte durante la cacería o la pesca.

La magnitud de la cacería también cambió con el tiempo. Entre 2015 y 2019 se documentaron nueve muertes por caza dirigida, mientras que entre 2020 y 2024 fueron registrados 17 casos. Durante este último periodo, seis delfines rosados y un delfín gris fueron encontrados decapitados, una práctica que los investigadores relacionan con la extracción de los dientes.

Los científicos relacionan este incremento con las dificultades económicas provocadas por la pandemia de Covid-19. Habitantes de comunidades indígenas ubicadas junto a los ríos donde viven estos animales explicaron que la pérdida de ingresos durante ese periodo llevó a algunas personas a recurrir a la cacería como fuente adicional de recursos.

Uno de los puntos identificados con mayor incidencia de caza dirigida fue el río Curaray. Durante las expediciones, los investigadores visitaron varias comunidades y encontraron testimonios sobre la cacería de delfines tanto para usos tradicionales como para su venta. Posteriormente, las visitas a mercados permitieron corroborar que esa región constituía una de las principales zonas de extracción.

Las redes de pesca también representan un peligro

La presión humana sobre estas especies no termina con el comercio ilegal. Los delfines también quedan atrapados accidentalmente en redes de pesca cuando se acercan para alimentarse de los peces capturados.

Según Víctor Utreras, el aumento de la población amazónica ha venido acompañado de un crecimiento de la actividad pesquera, lo que incrementa paulatinamente las posibilidades de que los delfines terminen atrapados. En algunos casos, además, los pescadores consideran a estos mamíferos competidores por el recurso pesquero y pueden matarlos cuando quedan atrapados. A esta situación se suma la disminución generalizada de las poblaciones de peces en diferentes zonas de la cuenca amazónica.

Para enfrentar este problema se han impulsado acuerdos de pesca en distintos países de la región. En Ecuador, estos esfuerzos comenzaron hace aproximadamente cinco años e incluyen capacitación para que los pescadores conozcan la importancia de los delfines y aprendan a liberarlos cuando quedan atrapados en las redes.

La conservación de estos mamíferos no solo busca evitar la desaparición de una especie emblemática. Los delfines de río cumplen una función importante dentro de los ecosistemas acuáticos, ya que se alimentan de peces y contribuyen a mantener las poblaciones en condiciones saludables al capturar ejemplares viejos o enfermos.

Quedan muy pocos ejemplares en Ecuador

La situación resulta especialmente delicada por el reducido tamaño de las poblaciones. Los investigadores estiman que en la Amazonía ecuatoriana existen alrededor de 250 delfines rosados y menos de 20 delfines grises. Debido a estas cifras, la muerte de un solo ejemplar puede tener un impacto significativo sobre poblaciones que ya son extremadamente pequeñas.

Además, ambas especies están clasificadas como En Peligro Crítico en la Lista Roja de Mamíferos de Ecuador. Esto convierte la pérdida de cada individuo en un problema de conservación particularmente serio.

Los delfines también tienen un valor económico para las comunidades que desarrollan actividades turísticas en la Amazonía. Muchos visitantes llegan con la expectativa de observar a los ejemplares rosados en los ríos y lagunas, lo que puede convertirse en una fuente de ingresos mucho más sostenible que la venta de sus partes.

Sin embargo, el turismo tampoco está exento de problemas. El estudio documentó prácticas inadecuadas durante la observación de delfines, como embarcaciones que se acercan demasiado, motores circulando a gran velocidad en zonas donde hay crías, alimentación deliberada de los animales y contacto directo. Para reducir estos impactos se han impulsado talleres para guías turísticos basados en protocolos de observación y buenas prácticas.

Las sequías podrían convertirse en una amenaza todavía mayor

Aunque la cacería y la pesca incidental son actualmente algunos de los principales factores de mortalidad identificados, los investigadores consideran que las condiciones ambientales podrían determinar el futuro de estas especies.

Las sequías cada vez más intensas y prolongadas son una de las principales preocupaciones. En agosto de 2023 se registró en Ecuador la primera muerte de un delfín rosado asociada a una sequía extrema, en la laguna Jatuncocha, dentro del Parque Nacional Yasuní.

El antecedente regional muestra la dimensión que puede alcanzar el problema. Durante una sequía extrema en Manaus, Brasil, murieron alrededor de 330 delfines de río, una cantidad superior a toda la población estimada de delfines de Ecuador. El dato permite dimensionar el impacto que un fenómeno climático extremo puede tener sobre poblaciones reducidas y aisladas.

La Amazonía norte de Ecuador es considerada especialmente vulnerable. Por ello, los investigadores planean capacitar a guardaparques del Yasuní y Cuyabeno para responder ante escenarios extremos, incluyendo la posibilidad de trasladar delfines que queden aislados en lagunas o brazos de río hacia zonas con mayor profundidad y agua más fresca.

A esta amenaza se suma la degradación de los hábitats. El estudio documentó impactos derivados de descargas de aguas residuales, agroquímicos utilizados en monocultivos como la palma aceitera, derrames de hidrocarburos, minería aurífera y tráfico fluvial.

Proteger al delfín también significa proteger los ríos

Los científicos consideran que Ecuador necesita reforzar sus medidas de conservación debido al reducido tamaño de sus poblaciones. La Amazonía ecuatoriana representa apenas 1.6% de la cuenca amazónica y constituye el límite occidental de distribución de estas especies, que en el país habitan ríos más estrechos y rápidos que los de otras zonas de la llanura amazónica.

Entre las recomendaciones del estudio están fortalecer la capacidad institucional para vigilar y controlar el tráfico, desarrollar alternativas económicas sostenibles para las comunidades y establecer programas de educación ambiental que sean culturalmente pertinentes. Los autores consideran que la investigación proporciona evidencia para establecer prioridades nacionales de conservación.

La esperanza, sin embargo, no está perdida. Víctor Utreras destaca que en las últimas décadas ha aumentado el conocimiento sobre los delfines de río y que actualmente existen comunidades que comprenden que matarlos para obtener sus partes no es una alternativa sostenible. También hay pescadores que participan en iniciativas de pesca comunitaria responsable.

La conservación, además, requiere cooperación entre países. Ecuador, Brasil, Colombia y Perú forman parte del Plan para Conservar los Delfines ante la Comisión Internacional Ballenera, una iniciativa que comenzó en 2021. La razón es sencilla: los delfines de río no reconocen fronteras políticas y pueden desplazarse entre los sistemas fluviales de varios países.

Ecuador también forma parte de la Iniciativa de Delfines de Río de Sudamérica, que reúne a siete países amazónicos. El objetivo es proteger a estos animales como una especie sombrilla, es decir, una especie cuya conservación contribuye también a preservar los ecosistemas fluviales y a cientos de especies que dependen de ellos.

El reto, por tanto, va mucho más allá de impedir que un diente termine convertido en un amuleto o en un collar. Con poblaciones tan pequeñas, cada delfín cuenta, y mantenerlos vivos implica combatir el tráfico ilegal, mejorar las prácticas pesqueras y turísticas, proteger sus hábitats y prepararse para las sequías que amenazan con transformar de manera profunda los ríos de la Amazonía.