miércoles 5 de agosto de 2026 · El pulso diario de México
Última hora Noticias claras para entender México.
CDMX

El AICM encara la segunda etapa de su transformación tras el Mundial

Por Juan Pablo Ojeda

 

El arranque de la segunda fase de remodelación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México constituye el capítulo más reciente en la compleja historia de una infraestructura estratégica que ha condensado los debates de desarrollo urbano de la capital durante medio siglo.

La necesidad de renovar y expandir la capacidad del AICM tras la celebración del Mundial de Fútbol 2026 pone de manifiesto la persistente tensión entre la demanda creciente de transporte aéreo y los límites geográficos de una terminal incrustada en el tejido urbano de la Zona Metropolitana del Valle de México.

El proyecto de modernización no solo busca subsanar el desgaste material de las instalaciones inauguradas en distintas etapas del siglo XX, sino adaptar la arquitectura aeroportuaria a las nuevas dinámicas globales del turismo y la conectividad de negocios en América Latina.

Desde una perspectiva sociológica y económica, el AICM continúa siendo el nodo de integración más importante del país, resistiendo los intentos de sustitución total y obligando al Estado a invertir en su conservación para mantener el equilibrio del sistema aeroportuario metropolitano.

Los retos arquitectónicos de la Fase 2 implican intervenir estructuras que conviven con hundimientos del terreno, requiriendo soluciones de ingeniería de alta complejidad para nivelar pasillos, pistas de rodaje y cimentaciones sin paralizar la actividad económica que genera el recinto.

Especialistas en urbanismo señalan que la convivencia entre el AICM, el AIFA y el Aeropuerto Internacional de Toluca exige que esta segunda etapa de obras en la capital se articule con una red multimodal de transporte terrestre que conecte eficientemente a los pasajeros entre los tres nodos.

El desarrollo de esta etapa de obras trazará la fisonomía del transporte aéreo capitalino para las próximas décadas, determinando si la infraestructura existente puede mantener su relevancia funcional en un entorno urbano cada vez más denso y demandante.