Un descubrimiento arqueológico está revolucionando el conocimiento sobre el pasado de la Amazonía. Un grupo internacional de investigadores identificó los vestigios de una antigua civilización que habitó el suroeste de la selva amazónica entre el año 600 a. C. y el 850 d. C., una sociedad que habría albergado entre 1.25 y 3 millones de personas y que dejó una extensa red de construcciones monumentales ocultas bajo la vegetación.
El hallazgo, publicado en la revista científica Nature, pone en duda la idea de que la Amazonía estuvo escasamente poblada antes de la llegada de los europeos y plantea que esta región fue hogar de sociedades mucho más complejas y numerosas de lo que se pensaba.
Los investigadores denominaron a esta antigua sociedad civilización Aquiry, tomando como referencia el nombre indígena del río Acre, que atraviesa parte de Brasil, Perú y Bolivia, donde se desarrolló esta cultura.
Uno de los aspectos más sorprendentes del descubrimiento es la enorme extensión que ocupó esta civilización. Los especialistas calcularon que sus asentamientos cubrían cerca de 183 mil kilómetros cuadrados, una superficie comparable con la del territorio de Siria.
A diferencia de otras grandes culturas antiguas, los Aquiry no construyeron pirámides ni templos de piedra. En su lugar levantaron enormes estructuras de tierra conocidas como geoglifos: figuras geométricas delimitadas por profundas zanjas y terraplenes que estaban unidas mediante largos caminos rectos cuidadosamente diseñados.
Hasta ahora, los arqueólogos han identificado más de 400 sitios arqueológicos excepcionalmente conservados. Sin embargo, los modelos elaborados por el equipo científico indican que esa cifra representa apenas una pequeña parte de lo que existió en la antigüedad. De acuerdo con sus estimaciones, podrían permanecer ocultos bajo la selva más de 20 mil antiguos centros ceremoniales aún sin descubrir.
El mayor de los sitios encontrados ocupa alrededor de 50 hectáreas, lo que demuestra la capacidad organizativa y el nivel de planificación alcanzado por esta civilización.
Para el arqueoantropólogo Martti Pärssinen, de la Universidad de Helsinki y autor principal de la investigación, la cantidad de estructuras halladas resultó completamente inesperada. El especialista explicó que los geoglifos descubiertos se concentran en una zona que representa menos del tres por ciento de toda la Amazonía, lo que abre la posibilidad de que existan muchas más áreas con asentamientos similares.
Los investigadores consideran que estas enormes construcciones no funcionaban como ciudades permanentes, sino como centros políticos, sociales y ceremoniales donde distintas comunidades se reunían periódicamente para celebrar rituales, tomar decisiones colectivas, realizar banquetes, competencias deportivas, juegos de pelota, danzas y ceremonias religiosas.
Lejos de tratarse de un único reino centralizado, la evidencia apunta a una extensa red de comunidades conectadas entre sí mediante caminos cuidadosamente trazados que facilitaban la interacción política y cultural.
El estudio también modificó la percepción sobre el impacto humano en la selva amazónica. Durante mucho tiempo se creyó que las poblaciones precolombinas apenas habían alterado el entorno natural, pero la investigación demuestra que los Aquiry transformaron profundamente el paisaje.
Los científicos encontraron evidencias de que esta civilización quemó grandes extensiones de bosques de bambú para abrir terrenos destinados a la agricultura y a la construcción de sus centros ceremoniales. Entre los cultivos predominaban el maíz, la yuca y la calabaza, además de que favorecieron deliberadamente la propagación de especies de árboles con alto valor alimenticio y cultural.
Este manejo del ecosistema no solo modificó la biodiversidad local, sino que también pudo influir en la captura y almacenamiento de carbono de la Amazonía, un aspecto que, según los investigadores, debería considerarse en futuros modelos sobre el cambio climático.
Uno de los elementos clave que permitió realizar este descubrimiento fue la tecnología LiDAR (Laser Imaging Detection and Ranging), un sistema de escaneo láser aéreo que ha revolucionado la arqueología en las últimas décadas.
Esta tecnología emite pulsos láser desde una aeronave que atraviesan los espacios entre la vegetación hasta alcanzar el suelo. Posteriormente, las señales reflejadas permiten reconstruir con gran precisión la topografía del terreno, revelando estructuras ocultas bajo la selva sin necesidad de talar árboles ni realizar excavaciones extensas.
Gracias a esta herramienta, el equipo pudo sobrevolar cientos de kilómetros de selva y detectar patrones geométricos invisibles desde el nivel del suelo, una metodología que anteriormente también permitió descubrir antiguas ciudades mayas ocultas en Centroamérica.
Pese a la magnitud del hallazgo, todavía existen numerosos interrogantes sobre esta civilización. Los arqueólogos desconocen cuál era el nombre con el que sus habitantes se identificaban, qué idiomas hablaban o cómo estaba organizada su estructura política.
La falta de piedra en la región impidió la construcción de edificios monumentales como los que dejaron otras culturas antiguas, por lo que gran parte del conocimiento proviene de las enormes obras de tierra y de los restos arqueológicos recuperados en las excavaciones.
El mayor enigma sigue siendo su desaparición. Los investigadores no han logrado determinar qué ocurrió entre los años 850 y 1000 d. C., periodo en el que la civilización Aquiry desapareció del registro arqueológico.
Este misterio coincide temporalmente con el colapso de la civilización maya clásica en Mesoamérica, aunque los científicos aclaran que, por ahora, no existe evidencia que relacione ambos procesos. Las causas de la desaparición de los Aquiry continúan siendo objeto de investigación.
El descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre el pasado de la Amazonía, sino que también obliga a replantear la historia de una de las regiones más biodiversas del planeta. Lo que durante mucho tiempo fue considerado un territorio prácticamente intacto antes de la colonización europea ahora aparece como el escenario de una sofisticada red de comunidades capaces de modificar su entorno, desarrollar agricultura a gran escala y construir monumentales centros ceremoniales que permanecieron ocultos durante siglos bajo la densa selva.



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