Bajo las aguas de Florida, un grupo de científicos y voluntarios trabaja contra reloj para intentar recuperar uno de los ecosistemas más importantes del planeta. Equipados con herramientas de buceo, descienden hasta los arrecifes para plantar corales jóvenes, monitorear su estado y estudiar cuáles especies tienen mayores posibilidades de sobrevivir a un océano cada vez más caliente.
El trabajo forma parte de “Rescata un arrecife”, un programa de largo plazo dirigido por la Universidad de Miami que combina investigación científica, restauración de ecosistemas y educación ambiental. Desde 2015, la iniciativa busca reconstruir los arrecifes de coral de Florida mientras genera información que pueda ayudar a las autoridades a diseñar mejores estrategias de conservación.
Una de las principales preguntas que intentan responder los investigadores es qué especies de coral pueden soportar mejor el aumento de la temperatura del mar provocado por el cambio climático.
“Ciertas especies pueden ser más resilientes, ya que son capaces de sobrevivir mejor y recuperarse de episodios de estrés térmico”, explicó Devon Ledbetter, coordinadora del programa, durante una reciente inmersión en Rainbow Reef, ubicado a unos tres kilómetros de la costa de Key Biscayne.
La investigación resulta especialmente importante después de los acontecimientos registrados en los últimos años. Una ola de calor marina sin precedentes que comenzó en 2023 provocó daños extraordinarios en los arrecifes de Florida y llevó a la “extinción funcional” de dos especies de enorme importancia ecológica: el coral cuerno de alce y el coral cuerno de ciervo.
El caso de Florida representa una señal de alarma para otros arrecifes del mundo, ya que el aumento sostenido de la temperatura oceánica puede provocar episodios de blanqueamiento cada vez más frecuentes y severos.
El calor puede hacer que los corales pierdan la vida
Aunque a primera vista parecen estructuras rocosas, los corales son organismos vivos formados por diminutos animales conocidos como pólipos. Estos mantienen una relación simbiótica con algas microscópicas que viven dentro de sus tejidos y que desempeñan un papel fundamental para su supervivencia.
Cuando las temperaturas aumentan demasiado o existen otras condiciones de estrés, como la contaminación, estas algas pueden abandonar los tejidos del coral. El resultado es el conocido blanqueamiento coralino, en el que el organismo pierde buena parte de su coloración y queda mucho más vulnerable a enfermedades, debilitamiento y muerte.
Por esta razón, los investigadores colocan alrededor de los corales recién plantados tablas de referencia de color. La comparación de la pigmentación permite registrar cambios en el estado de los organismos y detectar señales tempranas de estrés térmico.
Durante las inmersiones también han observado diferencias entre las especies. De acuerdo con Ledbetter, de manera anecdótica el coral estrella montañoso parece mostrar una mayor resistencia al blanqueamiento y al estrés provocado por el calor.
Determinar si esa resistencia puede comprobarse científicamente es uno de los objetivos del estudio.
Los “árboles de coral” ayudan a recuperar el arrecife
La restauración ocurre mediante diferentes técnicas. Algunas especies de crecimiento rápido se colocan en estructuras conocidas como “árboles de coral”, que permanecen suspendidas en el agua mediante boyas. Su diseño recuerda a antiguas antenas de televisión y permite mantener fragmentos de coral en condiciones adecuadas mientras crecen.
Otros ejemplares son colocados sobre estructuras semejantes a mesas que permanecen fijadas al fondo marino. También existen corales que se montan en pequeños tapones, los cuales después son atornillados a bases instaladas directamente en el arrecife.
Para reducir el riesgo de que los nuevos ejemplares sean dañados por peces que intentan alimentarse de ellos, algunos reciben pequeños paraguas antipredadores.
Cada coral representa una oportunidad de recuperar parte de un ecosistema que cumple funciones mucho más amplias que servir como hábitat para especies marinas.
Los arrecifes proporcionan refugio y alimento a una enorme variedad de organismos y sostienen complejas redes de vida bajo el agua. Al mismo tiempo, funcionan como una barrera natural frente al oleaje, ayudando a proteger las costas de la erosión y de las inundaciones provocadas por tormentas.
El océano sigue más caliente que hace décadas
La preocupación de los científicos no termina con el aparente cierre del cuarto evento global de blanqueamiento de corales. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, considera que este episodio probablemente llegó a su fin a mediados de 2025.
Sin embargo, las temperaturas de la superficie del mar permanecen en niveles considerablemente superiores a los registrados hace 25 o 30 años, cuando ocurrió el primer episodio global de blanqueamiento coralino. Una investigación reciente de la NOAA publicada en la revista Coral Reefs subraya precisamente la magnitud del cambio.
Además, la llegada de un fenómeno de El Niño muy intenso podría favorecer nuevamente condiciones de calentamiento extremo y desencadenar otro episodio de blanqueamiento generalizado, incluso en las aguas de Florida.
En este escenario, identificar corales capaces de resistir mejor las temperaturas elevadas podría convertirse en una herramienta fundamental para los programas de restauración. La idea no es solamente plantar más organismos, sino encontrar aquellos que tengan mejores posibilidades de sobrevivir en las condiciones que probablemente enfrentarán los arrecifes durante las próximas décadas.
Un coral a la vez
Durante esta temporada, el programa ha plantado 615 corales, de los cuales 228 forman parte del estudio sobre blanqueamiento térmico. Los resultados obtenidos son posteriormente entregados a las autoridades estatales encargadas de asuntos ambientales y de vida silvestre.
La información puede ayudar a determinar qué especies presentan mayor capacidad de recuperación después de experimentar estrés por calor y cuáles podrían tener un papel más importante en futuros proyectos de restauración.
Pero el programa tiene una segunda misión que va más allá del laboratorio y del fondo marino: acercar a la población a la conservación de los océanos.
La participación de voluntarios permite que más personas conozcan directamente la importancia de los arrecifes y comprendan que su deterioro no es un problema lejano. La salud de estos ecosistemas está relacionada con la biodiversidad marina, la protección de las costas y el bienestar de las comunidades que dependen del océano.
Desde que comenzó en 2015, “Rescata un arrecife” ha intentado combinar precisamente esos objetivos: producir conocimiento científico, educar al público y contribuir a la recuperación del ecosistema.
En un océano que se calienta cada vez más, la estrategia puede parecer sencilla, pero representa un desafío enorme: reconstruir un arrecife un coral a la vez y, al mismo tiempo, descubrir cuáles de ellos tienen mejores posibilidades de resistir el futuro climático que ya está llegando.



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