Las bebidas con cannabis están ganando espacio en los supermercados y tiendas de conveniencia, donde cada vez es más común encontrarlas junto a refrescos, tés helados o incluso leche con chocolate. Aunque para algunos adultos representan una alternativa al alcohol, médicos y expertos en salud pública advierten que su creciente disponibilidad y el escaso control en su venta podrían poner en riesgo a niños y adolescentes.
Estas bebidas contienen tetrahidrocannabinol (THC), el principal compuesto psicoactivo de la marihuana, responsable de producir el efecto conocido como «subidón». Sin embargo, una de las principales preocupaciones es que muchos productos presentan etiquetas pequeñas o poco llamativas, lo que dificulta identificar que contienen una sustancia intoxicante.
De acuerdo con un reportaje de la cadena estadounidense STAT, durante un recorrido por tiendas de Nueva York se observó que la mayoría de estos establecimientos no contaba con señalización visible que advirtiera sobre la presencia de THC en las bebidas. Además, en varios casos los cajeros no solicitaron una identificación para verificar la edad de los compradores.
El mercado de estas bebidas ha experimentado un crecimiento acelerado en Estados Unidos, impulsado en parte por la disminución en el consumo de bebidas alcohólicas. Actualmente existen cientos de marcas compitiendo en un sector que se estima alcanzará ventas cercanas a 1,400 millones de dólares este año.
Su expansión ha sido posible gracias a un vacío legal derivado de la Ley Agrícola de 2018, una legislación federal que legalizó diversos productos obtenidos del cáñamo. Esa laguna legal, sin embargo, está prevista para cerrarse en noviembre, lo que impediría que estos productos permanezcan en los estantes bajo las reglas actuales, aunque la industria busca que el Congreso establezca un nuevo marco regulatorio.
Otro aspecto que preocupa a los especialistas es la diferencia entre la legislación y la realidad del mercado. En el estado de Nueva York, por ejemplo, las bebidas derivadas del cáñamo están limitadas a un miligramo de THC por porción. Sin embargo, la investigación de STAT encontró con facilidad productos que contenían entre 50 y 100 miligramos por lata. Las regulaciones cambian de un estado a otro y, en muchos casos, su aplicación es limitada.
Los médicos señalan que los menores son el grupo más vulnerable. El doctor Rudy Kink, especialista en urgencias pediátricas del Hospital Infantil Le Bonheur, en Memphis, explicó que su equipo atiende semanalmente a entre cuatro y cinco niños que consumieron accidentalmente este tipo de bebidas.
En algunos casos se trata de niños pequeños atraídos por los envases coloridos, mientras que en otros son adolescentes que experimentan con productos derivados del cannabis sin conocer plenamente sus efectos.
Los pacientes suelen llegar con síntomas como somnolencia intensa, confusión, vómito y alteraciones en el estado de conciencia. Según el especialista, muchas familias desconocen la causa del problema hasta que los análisis de sangre y orina detectan la presencia de THC.
Kink considera que muchos adolescentes no son plenamente conscientes de los efectos del cannabis y sostiene que estos productos deberían contar con advertencias mucho más visibles para evitar confusiones y reducir el riesgo de consumo accidental.
La preocupación también alcanza a los adultos. La investigadora Tory Spindle, de Johns Hopkins Medicine, advierte que algunas personas podrían consumir estas bebidas sin darse cuenta de que contienen THC debido a un etiquetado poco claro.
Uno de los escenarios que más inquieta a los especialistas es que alguien experimente efectos intoxicantes inesperados y posteriormente conduzca un vehículo, poniendo en riesgo su seguridad y la de otras personas.
Las investigaciones de Spindle también indican que las bebidas con THC pueden producir efectos más rápidamente que los comestibles con cannabis. Mientras estos últimos suelen tardar más tiempo en actuar, las bebidas pueden comenzar a hacer efecto en aproximadamente 15 a 20 minutos, lo que podría sorprender a quienes no tienen experiencia con este tipo de productos.
A ello se suma otro problema: muchas bebidas derivadas del cáñamo se comercializan fuera de los dispensarios autorizados, por lo que no siempre pasan por los mismos controles de calidad que otros productos con cannabis regulados.
Jessica Kruger, especialista en educación para la salud, señala que esto dificulta conocer con certeza la cantidad real de THC que contienen las bebidas o verificar la ausencia de contaminantes.
La forma en que los comercios manejan estos productos también es desigual. Mientras algunas grandes cadenas colocan advertencias visibles y solicitan identificación oficial antes de venderlos, numerosos establecimientos pequeños los exhiben junto a bebidas convencionales, sin información clara sobre su contenido.
Pese a estas preocupaciones, algunos especialistas consideran que las bebidas con cannabis podrían representar una alternativa para adultos que desean disminuir su consumo de alcohol. Representantes de la industria sostienen que, en lugar de prohibirlas, deberían establecerse normas más estrictas de etiquetado, controles de calidad y verificación de edad, similares a las que existen para otras bebidas dirigidas exclusivamente a mayores de edad.



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