Pasar más tiempo expuesto a la luz natural durante el día podría ser una medida sencilla para reducir el riesgo de desarrollar demencia. Así lo sugiere una investigación realizada por científicos de la Universidad Médica de Guangzhou, quienes encontraron que las personas con mayor exposición a la luz diurna presentaban una menor probabilidad de padecer esta enfermedad neurodegenerativa.
El estudio, publicado en la revista científica General Psychiatry, analizó la información de 87,577 adultos que no presentaban demencia al inicio de la investigación. Los participantes, con una edad promedio de 62 años y de los cuales casi el 57 % eran mujeres, fueron seguidos durante una mediana de 8.1 años para evaluar su estado de salud cerebral.
A lo largo del periodo de seguimiento se registraron 741 nuevos casos de demencia, lo que permitió a los investigadores analizar la relación entre la exposición diaria a la luz y el desarrollo de la enfermedad.
A diferencia de investigaciones anteriores basadas en cuestionarios o recuerdos de los participantes, este trabajo utilizó acelerómetros colocados en la muñeca durante siete días consecutivos. Estos dispositivos permitieron medir de manera objetiva la cantidad e intensidad de la luz recibida por cada persona tanto durante el día como durante la noche, mientras realizaban sus actividades habituales.
Los diagnósticos de demencia fueron confirmados mediante registros de atención primaria, ingresos hospitalarios y certificados de defunción, fortaleciendo la confiabilidad de los resultados.
Además, los investigadores ajustaron el análisis para considerar otros factores que también pueden influir en el riesgo de desarrollar demencia, como la edad, el sexo, el nivel educativo, el estilo de vida, enfermedades previas, obesidad, consumo de alcohol, contaminación ambiental, pérdida de la audición y antecedentes de traumatismos craneales.
Los resultados mostraron una asociación clara entre la exposición a la luz diurna y un menor riesgo de padecer demencia.
Las personas que recibieron una intensidad promedio superior a 1,000 lux durante el día presentaron un 16 % menos riesgo de desarrollar la enfermedad en comparación con quienes permanecieron por debajo de ese nivel de iluminación.
El estudio también reveló que no solo importa la intensidad de la luz, sino también el tiempo de exposición. Cuanto mayor fue el tiempo que los participantes permanecieron bajo una iluminación intensa, menor fue el riesgo observado.
Los investigadores identificaron varios umbrales asociados con beneficios. Permanecer más de 1.4 horas al día bajo una intensidad de al menos 3,000 lux, más de 42 minutos diarios con 5,000 lux o alrededor de 27 minutos con una intensidad de 7,000 lux se relacionó con una reducción significativa del riesgo de demencia.
En el caso de la exposición a 7,000 lux durante al menos 27 minutos diarios, el riesgo disminuyó aproximadamente un 17 %.
Por el contrario, el análisis no encontró evidencia de que la exposición a la luz durante la noche modificara de manera significativa el riesgo de desarrollar demencia. Los participantes fueron clasificados según la cantidad de luz nocturna recibida, pero no se detectaron diferencias relevantes entre los distintos grupos.
La investigación también identificó que el efecto protector de la luz diurna fue aún más evidente en determinados grupos de personas.
Entre quienes recibían mayor cantidad de luz durante la noche, aquellos con cronotipo vespertino —es decir, personas que suelen acostarse y levantarse más tarde— y quienes portaban la variante genética APOE ε4, conocida por aumentar el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia, la reducción del riesgo osciló entre el 30 % y el 41 %.
Los autores destacan que uno de los problemas de la vida moderna es que las personas pasan cerca del 90 % de su tiempo en espacios interiores, donde la iluminación habitual suele encontrarse entre 300 y 500 lux, muy por debajo de los niveles asociados con beneficios en este estudio.
Esta situación plantea la posibilidad de que incrementar la exposición a la luz natural o mejorar la iluminación de viviendas, oficinas y espacios públicos pueda convertirse en una estrategia complementaria para favorecer la salud cerebral.
Los investigadores consideran que la exposición a la luz diurna reúne varias características que la convierten en un posible indicador de salud pública: es un factor modificable, puede medirse objetivamente mediante dispositivos portátiles y podría incorporarse en programas preventivos dirigidos a reducir el riesgo de deterioro cognitivo.
En cuanto a los posibles mecanismos biológicos, el estudio plantea que la luz diurna podría ejercer sus efectos al regular los ritmos circadianos, fundamentales para el funcionamiento del organismo, y mediante cambios en determinadas regiones del cerebro. Entre ellas destaca la corteza fusiforme, cuya actividad apareció relacionada con parte del efecto protector observado.
Los científicos también analizaron otras posibles explicaciones, como el papel de la vitamina D, pero no encontraron evidencia de que este nutriente fuera el responsable de la asociación entre la luz natural y la disminución del riesgo de demencia.
No obstante, los autores reconocen algunas limitaciones. La población del Biobanco del Reino Unido, de donde proceden los datos analizados, suele presentar mejores condiciones de salud que la población general, lo que podría limitar la aplicación universal de los resultados. Además, la medición de la luz se realizó en la muñeca y no directamente a través de los ojos, que constituyen la principal vía mediante la cual la luz influye sobre el cerebro. También señalan que los datos fueron recopilados antes de la expansión del uso masivo de iluminación LED y del incremento del tiempo frente a pantallas durante la noche.
A pesar de estas limitaciones, los investigadores concluyen que aumentar la exposición diaria a la luz natural podría convertirse en una estrategia sencilla, accesible y potencialmente útil para promover la salud cerebral y contribuir a la prevención de la demencia, aunque enfatizan que serán necesarios nuevos estudios para confirmar estos hallazgos y establecer recomendaciones específicas.



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