Las uñas pueden ofrecer algunas pistas sobre el estado general del organismo. Aunque normalmente tienen una superficie lisa, firme y de color relativamente uniforme, es común observar líneas, surcos o estrías que recorren la placa ungueal. Algunas aparecen de manera vertical, desde la cutícula hasta el borde de la uña, mientras que otras atraviesan la superficie de un lado a otro.
En muchos casos, estas marcas no representan un problema de salud. Las estrías longitudinales leves son frecuentes con el envejecimiento y pueden hacerse más visibles cuando las uñas pierden humedad o se vuelven frágiles. Sin embargo, cuando los surcos son profundos, aparecen repentinamente o se acompañan de cambios de color, quiebres, engrosamiento o deformaciones, pueden estar relacionados con traumatismos, deficiencias nutricionales, enfermedades de la piel u otras condiciones que requieren valoración profesional.
Por eso, más que observar únicamente si una uña tiene rayas, conviene prestar atención a su forma, el patrón de las líneas, cuántas uñas están afectadas y qué otros cambios aparecen al mismo tiempo.
Las rayas verticales suelen hacerse más visibles con la edad
Las estrías verticales, también conocidas como longitudinales, recorren la uña desde la zona de la cutícula hasta la punta. Son especialmente frecuentes conforme pasan los años y, cuando aparecen de manera leve y sin otros síntomas, generalmente no son motivo de alarma.
El envejecimiento puede modificar la capacidad de regeneración de la uña y favorecer cambios como resequedad, pérdida de brillo, fragilidad y aparición de pequeños surcos. La falta de hidratación también puede hacer que estas marcas sean más evidentes.
Sin embargo, la edad no es la única explicación. Una nutrición insuficiente, el eccema y los traumatismos repetidos sobre la matriz ungueal, que es la estructura donde se produce el crecimiento de la uña, también pueden contribuir a la aparición de estrías.
En algunos casos, las alteraciones longitudinales se relacionan con deficiencias de determinados nutrientes. La Cleveland Clinic señala que la falta de hierro puede asociarse con crestas verticales y con la llamada coiloniquia, una alteración en la que las uñas se vuelven cóncavas y adquieren una apariencia similar a la de una cuchara.
La deficiencia de zinc, por otro lado, puede relacionarse con manchas blancas y con las llamadas líneas de Beau, que son surcos horizontales producidos por una interrupción temporal del crecimiento de la uña.
Tener estrías, sin embargo, no significa automáticamente que exista una carencia nutricional. Para establecer una relación es necesario considerar otros síntomas y, cuando el profesional lo considere pertinente, realizar análisis de sangre.
Las líneas horizontales pueden revelar una interrupción del crecimiento
Las líneas de Beau tienen una apariencia diferente a las estrías verticales. Son surcos horizontales que atraviesan la uña y aparecen cuando su crecimiento se detiene temporalmente o se altera de manera importante.
Este tipo de marca puede surgir después de un golpe o de una lesión, pero también puede estar relacionada con situaciones que someten al organismo a un estrés considerable. Mayo Clinic menciona entre las posibles causas algunas infecciones, fiebre elevada, diabetes sin controlar, enfermedad vascular periférica y deficiencia de zinc.
También pueden aparecer después de determinados tratamientos médicos, incluida la quimioterapia.
La presencia de una línea horizontal, por sí sola, no permite determinar qué ocurrió. Debido a que la uña crece lentamente, un surco puede funcionar como una especie de registro de un episodio ocurrido semanas o meses antes. Por ello, un dermatólogo puede analizar el patrón de crecimiento y otros cambios para intentar establecer cuándo y por qué se produjo la alteración.
Una raya oscura en una sola uña merece especial atención
No todas las alteraciones de color tienen el mismo significado. Una pequeña mancha blanca puede tener una explicación muy distinta a una banda marrón, negra o rojiza que aparece en una sola uña y comienza a cambiar.
Una pigmentación oscura puede deberse a un traumatismo o a un hematoma debajo de la uña, pero también puede estar relacionada con infecciones y otras enfermedades que necesitan diagnóstico. Por ello, cuando una banda pigmentada aparece sin que exista un golpe que la explique, es recomendable que sea revisada por un dermatólogo.
La atención debe ser todavía mayor si la banda se ensancha con el tiempo o el pigmento comienza a extenderse hacia la cutícula o hacia la piel que rodea la uña. Estos cambios requieren una evaluación médica para descartar causas potencialmente importantes.
La regla general es sencilla: una alteración nueva, localizada en una sola uña y que continúa modificándose merece más atención que unas estrías verticales leves y similares en varias uñas.
¿Cuándo las rayas en las uñas requieren una consulta?
Además de los cambios de pigmentación, existen otras señales que justifican acudir con un profesional. El dolor, la inflamación, el enrojecimiento o la presencia de secreción alrededor de la uña pueden indicar una infección que necesita tratamiento.
También conviene consultar cuando la uña comienza a despegarse del lecho ungueal, se vuelve excesivamente gruesa, se desmenuza o adquiere un tono amarillento. Estas alteraciones pueden aparecer en infecciones por hongos, aunque existen otras enfermedades de la piel que producen síntomas similares.
Las estrías también merecen valoración cuando aparecen acompañadas de cansancio persistente, cambios inexplicables de peso, fiebre, alteraciones cutáneas o caída del cabello. En estas situaciones, los cambios en las uñas podrían formar parte de un cuadro más amplio y no ser simplemente una modificación aislada de la placa ungueal.
En niños, bebés y personas con enfermedades crónicas, cualquier cambio importante en las uñas también debería ser valorado antes de comenzar a utilizar suplementos, endurecedores o tratamientos caseros.
Cómo cuidar las uñas para evitar que se debiliten
Mantener unas uñas saludables no requiere necesariamente tratamientos sofisticados. Algunos hábitos cotidianos ayudan a reducir el riesgo de resequedad, quiebres y lesiones.
Mantenerlas cortas y con los bordes limados evita que se enganchen y disminuye la posibilidad de que se rompan. También es importante utilizar instrumentos limpios y de uso personal para cortarlas o arreglarlas, ya que los alicates, limas y cortaúñas pueden facilitar la transmisión de microorganismos cuando no se mantienen adecuadamente higienizados.
La hidratación también juega un papel importante. Aplicar crema humectante en las manos, las uñas y las cutículas puede ayudar a reducir la resequedad, especialmente cuando existe lavado frecuente de manos o contacto constante con agua y detergentes.
Durante las tareas domésticas que implican agua, lavandina u otros productos de limpieza, utilizar guantes puede proteger tanto la piel como las uñas. La exposición repetida a determinadas sustancias puede contribuir a que se resequen y se vuelvan más quebradizas.
También conviene moderar el uso continuo de esmaltes, removedores y otros productos potencialmente agresivos si las uñas ya presentan fragilidad. Morderlas, arrancar las cutículas o manipular constantemente la piel que las rodea puede provocar pequeñas lesiones y facilitar la entrada de bacterias u hongos.
Si existen estrías, además, no es recomendable pulir la superficie de manera excesiva para intentar eliminarlas. Aunque puede hacer que la uña parezca más lisa temporalmente, este procedimiento también puede adelgazarla y aumentar su fragilidad.
Las uñas pueden dar pistas, pero no permiten diagnosticar por sí solas
Las rayas en las uñas pueden tener explicaciones completamente benignas, especialmente cuando se trata de estrías verticales leves que aparecen gradualmente con la edad. La resequedad, la fragilidad y pequeños traumatismos cotidianos también son causas frecuentes.
El panorama cambia cuando los surcos aparecen de manera repentina, son profundos o están acompañados de cambios en la forma, textura o color de la uña. Una banda oscura que progresa, una uña que se desprende, una inflamación dolorosa o alteraciones acompañadas de síntomas generales son razones suficientes para buscar una valoración profesional.
En lugar de intentar interpretar una raya como una señal inequívoca de determinada enfermedad o comenzar a tomar suplementos por cuenta propia, lo más recomendable es observar la evolución y consultar a un médico o dermatólogo cuando existan cambios persistentes o inusuales.
Las uñas no pueden diagnosticar una enfermedad por sí mismas, pero sus modificaciones pueden aportar información útil. Saber distinguir entre los cambios habituales y aquellos que merecen atención permite cuidar mejor la salud de las manos y, sobre todo, evitar que una alteración importante pase inadvertida.



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