El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó el 4 de septiembre de 2026 una orden ejecutiva que instruye al gobierno federal a determinar si el lobo gris y el lobo mexicano cumplen todavía con los criterios de recuperación establecidos por la Endangered Species Act (ESA).
La orden, titulada “Supporting America’s Ranchers”, establece un plazo de 90 días para que el secretario del Interior determine si ambas especies pueden ser retiradas de la lista federal de especies protegidas o pasar a una categoría de menor protección.
El objetivo declarado por la Casa Blanca es apoyar a los ganaderos estadounidenses que denuncian pérdidas ocasionadas por la depredación de lobos sobre el ganado.
Sin embargo, hay un punto clave: la orden ejecutiva no elimina de manera inmediata la protección del lobo mexicano ni autoriza automáticamente su caza. Primero debe realizarse la evaluación y, si se concluye que se cumplieron los criterios de recuperación, tendría que comenzar el procedimiento correspondiente para modificar su estatus.
La medida abre la puerta a una eliminación letal
La orden de Trump va más allá de pedir una revisión del estatus de los animales.
El documento instruye al secretario del Interior a considerar modificaciones a las reglas o nuevas directrices para revisar los criterios utilizados para autorizar la eliminación letal de lobos grises y lobos mexicanos.
La Casa Blanca plantea que esto permitiría responder con mayor rapidez ante situaciones en las que los depredadores representen una amenaza para la seguridad de las personas o el ganado doméstico.
También se contempla trabajar con los estados para promover que retiren a los lobos de sus propias listas de especies protegidas y revisen sus reglas sobre eliminación letal.
El gobierno estadounidense también ordenó revisar los mecanismos mediante los cuales los ganaderos reciben compensaciones por pérdidas atribuidas a depredadores y mejorar los criterios utilizados para investigar las denuncias de depredación.
Trump argumenta que los lobos afectan al ganado
Durante la firma, Trump presentó la medida como una herramienta para respaldar a las comunidades rurales y al sector ganadero.
La administración sostiene que la población de ganado estadounidense se encuentra en su nivel más bajo en 75 años, mientras que la demanda de carne de res aumentó casi 10% durante la última década.
La Casa Blanca también relaciona la situación de los rancheros con problemas como la sequía, los incendios y la disponibilidad de forraje, además de señalar a los lobos como uno de los depredadores que pueden afectar al ganado.
No obstante, la orden ejecutiva establece un proceso administrativo. No significa que a partir de su firma los ganaderos puedan disparar libremente a los lobos mexicanos protegidos por la ley federal.
Actualmente, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos (USFWS) mantiene al lobo mexicano como una subespecie en peligro de extinción bajo la Endangered Species Act.
¿Qué pasará en los próximos 90 días?
El procedimiento establecido por Trump contempla varias etapas.
En primer lugar, el secretario del Interior deberá determinar si el lobo gris y el lobo mexicano cumplen los criterios de recuperación para ser retirados de la lista federal o pasar a una categoría de menor protección.
Si la respuesta es afirmativa, deberá comenzar el proceso administrativo para su exclusión o reclasificación.
Además, el Departamento del Interior deberá preparar recomendaciones legislativas para una posible eliminación o reducción de las protecciones establecidas por la ESA.
La orden también pide evaluar cambios en las reglas relacionadas con la eliminación letal de ejemplares cuando existan amenazas al ganado o a la seguridad humana.
Por ello, el alcance final de la medida dependerá de las determinaciones que tome el gobierno federal y de los procedimientos previstos por la legislación estadounidense.
El lobo mexicano sigue en peligro en México
La decisión adquiere especial relevancia para México porque el lobo mexicano (Canis lupus baileyi) continúa siendo una de las especies silvestres con mayor riesgo de desaparición en el país.
En julio de 2025, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) informó que la especie había pasado de la categoría de “Extinto en vida libre” a “En Peligro de Extinción” conforme a la NOM-059-SEMARNAT-2010.
La estimación proporcionada entonces era de apenas 30 a 35 ejemplares silvestres en México.
Ese mismo año, la Conanp documentó en el Área de Protección de Flora y Fauna Campo Verde, Chihuahua, el primer registro en esa zona de un ejemplar de lobo mexicano nacido en libertad.
El animal fue identificado mediante una cámara trampa y no portaba collar GPS, lo que permitió determinar que había nacido libremente y no formaba parte de los ejemplares liberados con seguimiento satelital.
El registro fue considerado parte de las primeras poblaciones silvestres documentadas en México después de más de cinco décadas de ausencia de poblaciones establecidas en libertad.
Una especie que llegó a ocupar gran parte de México
El lobo mexicano es el cánido silvestre más grande de México.
De acuerdo con la Conanp, puede medir entre 130 y 180 centímetros desde el hocico hasta la cola y los ejemplares adultos tienen un peso promedio de alrededor de 33 kilogramos.
Su pelaje puede presentar tonalidades que van del café grisáceo al negro, con zonas más claras en el vientre y las patas.
Es un depredador situado en la parte alta de la cadena alimenticia y puede formar grupos familiares de tres a cinco individuos y manadas de hasta 30 lobos.
Su distribución histórica comprendía territorios de Chihuahua, Sonora, Coahuila, Nuevo León, Durango, Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí, además de regiones del Bajío y la meseta central, con presencia histórica incluso hasta Oaxaca.
México y Estados Unidos mantienen un programa de recuperación
La historia del lobo mexicano no está limitada a un solo país.
México y Estados Unidos mantienen desde hace años acciones coordinadas para recuperar a la especie dentro de su área de distribución histórica.
En Estados Unidos, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre cuenta con un plan de recuperación que contempla poblaciones de lobo mexicano distribuidas dentro de su antiguo territorio en Estados Unidos y México.
El propio organismo estadounidense señala que los conflictos con el ganado son uno de los desafíos para la recuperación.
Actualmente, las autoridades pueden ordenar la captura o eliminación de ejemplares cuando existe evidencia de depredación y después de considerar medidas para prevenir nuevos ataques. Estas acciones no siempre implican la muerte del animal: las órdenes de remoción pueden contemplar captura viva o control letal, dependiendo del caso.
Trump ya intentó reducir la protección del lobo
La ofensiva contra las protecciones federales de los lobos no comenzó en este segundo mandato.
Durante la primera administración de Donald Trump, el gobierno estadounidense intentó retirar al lobo gris de la lista federal de especies protegidas.
En 2020, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre publicó una regla para retirar de la lista a las poblaciones de lobo gris en los 48 estados contiguos y México, con excepción del lobo mexicano. Sin embargo, posteriormente una decisión judicial provocó que las protecciones federales para buena parte de los lobos fueran restablecidas.
Ahora, la nueva orden vuelve a colocar el futuro de estas especies en una disputa entre las necesidades del sector ganadero, las decisiones de manejo de fauna y los objetivos de conservación.
¿Qué significa para el lobo mexicano?
Por el momento, el lobo mexicano continúa protegido bajo la legislación federal estadounidense y en México permanece clasificado como especie en peligro de extinción.
La orden firmada por Trump representa el inicio de una revisión que podría terminar reduciendo las protecciones federales en Estados Unidos y facilitar medidas de control letal, pero todavía no equivale a una autorización general para cazar lobos mexicanos.
La decisión final tendrá especial relevancia para una especie cuya recuperación ha requerido programas binacionales, monitoreo mediante cámaras trampa, reproducción controlada y liberaciones en zonas de su distribución histórica.
En México, mientras tanto, la existencia de apenas 30 a 35 ejemplares silvestres estimados en 2025 mantiene al lobo mexicano dentro de una situación de conservación particularmente delicada.



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