martes 29 de septiembre de 2026 · El pulso diario de México
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La tumba de Tutankamón podría esconder nuevas cámaras: una investigación vuelve a poner a Nefertiti en el centro del misterio

Más de un siglo después de que Howard Carter descubriera la tumba de Tutankamón en 1922, el sepulcro que se convirtió en uno de los hallazgos arqueológicos más famosos de la historia todavía podría guardar secretos. Una nueva investigación ha reavivado una hipótesis que durante años ha generado debate entre los especialistas: que la KV62, como se conoce oficialmente a la tumba del faraón, no sería un complejo aislado, sino parte de una estructura funeraria mucho más extensa.

El estudio, publicado en los Occasional Papers of the Amarna Royal Tombs Project, reúne los resultados de siete campañas de investigación realizadas desde 2015, incluidas las llevadas a cabo en 2023 y 2024. Sus autores retomaron una propuesta planteada hace aproximadamente una década por el egiptólogo británico Nicholas Reeves, quien sugirió que detrás de las paredes de la tumba podrían existir otras cámaras.

La hipótesis resulta todavía más llamativa porque plantea una posible relación con Nefertiti, una de las figuras más importantes del periodo de Amarna y cuya tumba nunca ha sido localizada. Sin embargo, los investigadores subrayan que los datos obtenidos hasta ahora no permiten afirmar que las cámaras existan físicamente ni mucho menos que contengan los restos de la reina.

El interés de la investigación parte, en buena medida, de una característica que desde hace décadas llama la atención de los egiptólogos: la KV62 parece demasiado pequeña y arquitectónicamente inusual para haber sido concebida originalmente como la tumba de un faraón.

Una tumba demasiado pequeña para un faraón

Cuando Carter encontró la tumba, se enfrentó a un complejo funerario considerablemente más pequeño que otros sepulcros reales del Valle de los Reyes. La explicación tradicional es que Tutankamón llegó al trono siendo muy joven y murió inesperadamente alrededor de una década después, lo que habría dejado poco tiempo para completar un sepulcro monumental diseñado específicamente para él.

A partir de esta circunstancia, Reeves planteó otra posibilidad: que la tumba que hoy conocemos como KV62 hubiera sido originalmente construida para otra persona y posteriormente adaptada para recibir los restos de Tutankamón.

El nuevo estudio recupera varios argumentos arquitectónicos compatibles con esa hipótesis. Entre ellos destaca la orientación de la tumba, que gira hacia la izquierda. De acuerdo con los investigadores, esta disposición no coincide de manera clara con la arquitectura habitual de una tumba privada ni con la de un sepulcro concebido originalmente para un faraón.

Los autores sostienen que la planta podría corresponder más estrechamente a la de una tumba de reina de la XVIII dinastía. Esa interpretación resulta especialmente relevante porque abre la puerta a preguntarse quién pudo haber sido la propietaria original del complejo antes de que fuera reutilizado para Tutankamón.

Es precisamente en ese punto donde la hipótesis vuelve a conducir hacia Nefertiti.

Las pinturas también forman parte del misterio

La arquitectura no es el único elemento utilizado para respaldar esta posibilidad. Los investigadores también revisaron las pinturas de la cámara funeraria y, en particular, una escena situada en la pared norte.

La imagen representa la ceremonia conocida como la “apertura de la boca”, un antiguo ritual funerario destinado a devolver simbólicamente al difunto sus facultades para comer, respirar y hablar en el más allá. En la escena que actualmente puede observarse en la tumba, Ay, sucesor de Tutankamón, aparece realizando el ritual sobre el joven faraón.

Sin embargo, los investigadores plantean que la escena pudo haber sido modificada para adaptarla al entierro de Tutankamón. Según esta interpretación, la representación original habría mostrado al propio Tutankamón realizando el ritual sobre su predecesor.

El estudio vincula a ese supuesto predecesor con Smenkhkare, una figura todavía rodeada de incertidumbres históricas que algunos investigadores han relacionado con Nefertiti. Esta identificación es una de las partes más discutidas de la hipótesis y no constituye un hecho establecido de manera general en la egiptología.

De confirmarse la existencia de cámaras adicionales, por tanto, todavía habría que determinar cuándo fueron construidas, para quién estaban destinadas, si fueron utilizadas y qué ocurrió con ellas antes y después del entierro de Tutankamón.

Radar y microgravimetría buscan respuestas bajo la roca

Para intentar responder estas preguntas sin alterar la tumba, diferentes equipos han utilizado durante la última década técnicas geofísicas no invasivas. Entre ellas se encuentran el radar de penetración terrestre, la microgravimetría y otros métodos destinados a detectar cambios en la estructura del subsuelo y en la densidad de los materiales.

Las campañas realizadas en 2023 y 2024 aportaron nuevos datos que, según los investigadores del Amarna Royal Tombs Project, son compatibles con la existencia de una estructura situada detrás de las paredes conocidas de la KV62.

La reconstrucción propuesta sugiere que el posible complejo podría extenderse aproximadamente 25 o 30 metros hacia el norte y contener cinco o seis cámaras. Los investigadores también consideran posible que algunos de estos espacios estén conectados entre sí y con la tumba de Tutankamón mediante corredores.

Una de las posibilidades planteadas es que esos accesos hayan sido rellenados deliberadamente con escombros en la Antigüedad. Esta circunstancia explicaría por qué no han sido identificados como habitaciones accesibles durante las investigaciones arqueológicas convencionales.

Sin embargo, la interpretación de los datos tiene límites. Los propios autores reconocen que, aunque algunas estructuras y la posible continuación de un corredor pueden identificarse con niveles de confianza considerados razonablemente altos, otros aspectos de la reconstrucción son más especulativos.

En otras palabras, los estudios geofísicos han detectado anomalías compatibles con espacios arquitectónicos, pero todavía no han demostrado mediante una excavación o inspección directa que existan nuevas cámaras detrás de la tumba.

Encontrar cámaras no significaría encontrar a Nefertiti

La posibilidad de que existan habitaciones desconocidas ha generado gran interés porque podría aportar información nueva sobre uno de los periodos más complejos del antiguo Egipto. Pero incluso si una futura investigación confirma la presencia de esos espacios, todavía quedaría por resolver la cuestión fundamental: qué contienen.

Especialistas citados por Smithsonian Magazine han recibido los resultados con interés, aunque mantienen reservas sobre su interpretación. Ray Johnson, exdirector del Epigraphic Survey del Instituto para el Estudio de las Culturas Antiguas, calificó los datos como muy sugerentes, pero advirtió que las posibles cámaras podrían no tener relación con Nefertiti y que incluso podrían haber sufrido daños por inundaciones.

Christopher Gaffney, arqueólogo de la Universidad de Bradford, también consideró los resultados interesantes, pero señaló la necesidad de contar con más evidencia. Peter Styles, geofísico de la Universidad de Keele, coincidió en que se requieren nuevos datos antes de establecer conclusiones definitivas.

Estas cautelas son importantes porque la hipótesis combina varias preguntas diferentes. Una cosa es determinar si existen espacios detrás de los muros; otra, establecer cuándo fueron construidos; una más, identificar a quién estaban destinados, y una última, comprobar si fueron utilizados como sepulcro.

Por ello, una anomalía geofísica no equivale a una cámara funeraria y una cámara funeraria tampoco demostraría por sí misma que allí se encuentra Nefertiti.

El siguiente paso podría ser abrir un pequeño acceso

La única manera de resolver algunas de estas incógnitas sería observar directamente el interior de los espacios propuestos. El equipo investigador ha planteado la posibilidad de realizar una pequeña apertura que permita introducir una cámara y comprobar qué existe detrás de los muros.

Antes de hacerlo, sin embargo, será necesario obtener la autorización de las autoridades egipcias. La KV62 es un sitio arqueológico excepcionalmente importante y cualquier intervención debe considerar la conservación de la estructura y de las pinturas que permanecen en su interior.

Por ahora, la investigación aporta nuevas evidencias para una pregunta que lleva años acompañando a la tumba de Tutankamón: ¿es realmente todo el complejo funerario que conocemos o apenas una parte de una estructura mayor?

La respuesta todavía está pendiente. Los estudios geofísicos sugieren que podría haber más espacios al norte de la KV62, pero no han establecido de manera definitiva qué son ni quién pudo haberlos utilizado. La posibilidad de que estén relacionados con Nefertiti continúa siendo una hipótesis dentro de un debate arqueológico abierto.

Así, más de cien años después del descubrimiento de Carter, la tumba que parecía haber revelado uno de los grandes secretos del antiguo Egipto podría conservar todavía otro misterio bajo sus paredes. La diferencia es que ahora las herramientas para buscarlo ya no son únicamente los pinceles y las excavaciones: el radar y la microgravimetría están permitiendo explorar el subsuelo sin abrirlo, mientras los investigadores esperan autorización para comprobar qué hay realmente al otro lado.