La comida volvió a encarecerse por encima del promedio general de precios. En septiembre de 2026, el valor de la canasta alimentaria aumentó 5.5% anual en zonas urbanas y 4.9% en las rurales, informó el INEGI.
El boletín de Líneas de Pobreza, publicado el 13 de octubre, sitúa ambos incrementos por encima de la inflación general anual, que presenta redondeada en 3.5%. La diferencia ayuda a explicar por qué el gasto en alimentos puede sentirse más pesado que el indicador general.
La referencia alimentaria mensual llegó a 2 mil 590.61 pesos por persona en el ámbito urbano y a mil 940.96 pesos en el rural. Son umbrales estadísticos individuales: no equivalen al presupuesto completo de una familia.
Al incorporar bienes y servicios no alimentarios, la línea mensual asciende a 4 mil 951.66 pesos por persona en ciudades y a 3 mil 553.70 pesos en localidades rurales.
El INEGI identifica a la cebolla, el jitomate y los alimentos consumidos fuera del hogar entre los principales impulsores del aumento anual de la canasta alimentaria.
Para leer estos resultados conviene separar tres preguntas: cuánto cambian los precios, cuánto ingreso recibe un hogar y qué necesidades puede cubrir. Un solo porcentaje no responde las tres.
El incremento de estos umbrales tampoco permite calcular, por sí mismo, cuántas personas entraron en pobreza. Esa conclusión requiere información de ingresos y la metodología correspondiente.
Como herramienta doméstica, registrar cantidades y precios de las compras permite distinguir entre un aumento del producto, un cambio de presentación y un mayor volumen adquirido.
La siguiente actualización de las Líneas de Pobreza está prevista para el 11 de noviembre. El seguimiento deberá comparar el mismo ámbito y periodo, además de observar si el ingreso familiar acompaña el costo de la alimentación.
