Desde la pandemia, cualquier escurrimiento nasal, dolor de garganta o estornudo despierta la misma alarma: “¿será COVID?”. Aunque esa vigilancia sigue siendo importante, en México convivimos con otros padecimientos respiratorios muy comunes que comparten síntomas, pero no causas, duración ni riesgos. Alergia estacional, influenza, gripe y resfriado suelen confundirse, especialmente en ciertas ciudades y temporadas del año.
La alergia estacional es una de las grandes protagonistas silenciosas. En ciudades con altos niveles de contaminación, polvo, polen o cambios bruscos de clima —como la Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey, Puebla o Toluca— es muy frecuente que los síntomas aparezcan sin que haya una infección. La alergia no es causada por virus, sino por una reacción exagerada del sistema inmunológico ante partículas del ambiente. Lo más característico es la comezón: en nariz, ojos, garganta y a veces en los oídos. El escurrimiento nasal suele ser transparente y constante, acompañado de estornudos repetidos y ojos llorosos. No hay fiebre ni malestar general intenso, y los síntomas pueden durar semanas o meses, mejorando y empeorando según el entorno.
La influenza, en cambio, es una enfermedad viral que aparece con fuerza cada año, especialmente en temporada de frío. A diferencia de la alergia, la influenza llega de golpe. La persona puede sentirse bien por la mañana y completamente mal por la tarde. La fiebre alta, el dolor muscular intenso, el cansancio extremo y el dolor de cabeza son señales clave. También puede haber tos seca y dolor de garganta, pero lo que más incapacita es la sensación de “cuerpo cortado”. En adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas, la influenza puede causar complicaciones serias, por eso la vacunación anual sigue siendo una herramienta fundamental.
La palabra “gripe” suele usarse de forma confusa en México. Popularmente, muchas personas llaman gripe a cualquier malestar respiratorio, pero en términos médicos suele emplearse como sinónimo de influenza. Sin embargo, en el uso cotidiano, la “gripe” suele referirse a un cuadro más fuerte que un resfriado, pero no siempre tan intenso como la influenza confirmada. Esto contribuye a la confusión, ya que los síntomas pueden variar en intensidad y duración. La clave está en observar si hay fiebre alta persistente y dolor corporal marcado, lo que apunta más hacia influenza que a un simple resfriado.
El resfriado común es, por mucho, el más frecuente y el menos grave. También es viral, pero suele ser más leve y progresivo. Empieza con molestias en la garganta, congestión nasal y estornudos, y puede evolucionar a tos ligera. La fiebre, si aparece, es baja. El malestar general existe, pero no suele impedir las actividades diarias. En la mayoría de los casos, el resfriado mejora por sí solo en pocos días con descanso, hidratación y cuidados básicos.
Entonces, ¿cómo no entrar en pánico cada vez que aparecen síntomas? Observar el conjunto y la evolución es clave. La alergia no da fiebre ni dolor corporal intenso y mejora al alejarse del desencadenante. El resfriado es molesto, pero manejable. La influenza tumba, aparece rápido y se acompaña de fiebre alta y agotamiento. Y aunque el COVID comparte síntomas con varios de estos padecimientos, suele incluir fiebre, tos persistente, dolor de garganta y, en algunos casos, pérdida del olfato o gusto, por lo que ante la duda o síntomas intensos, la prueba sigue siendo una herramienta útil.
Entender estas diferencias no significa automedicarse ni bajar la guardia, sino tomar decisiones más informadas. No todo estornudo es COVID, pero tampoco todo “es solo alergia”. Escuchar al cuerpo, conocer el contexto y acudir a atención médica cuando los síntomas son intensos o persistentes sigue siendo la mejor estrategia para cuidarnos en un país donde el clima, la contaminación y los virus conviven todo el año.