Dormir es una necesidad básica, pero la forma en que lo hacemos puede influir más de lo que se pensaba en la salud. En particular, la relación entre el uso de almohadas y la presión dentro del ojo ha comenzado a captar la atención de la comunidad científica, abriendo preguntas sobre si prescindir de este accesorio podría ayudar a prevenir enfermedades como el glaucoma.
Investigaciones publicadas en el British Journal of Ophthalmology han analizado cómo la posición al dormir afecta la presión intraocular, un factor clave en el desarrollo y progresión del glaucoma. Los resultados sugieren que dormir con varias almohadas, especialmente dos o más, puede incrementar esta presión en comparación con dormir boca arriba sin elevación.
El fenómeno tiene una explicación fisiológica: cuando la cabeza se eleva en exceso, se puede producir una compresión de las venas del cuello, lo que dificulta el flujo sanguíneo hacia los ojos y eleva la presión intraocular. Este hallazgo ha llevado a considerar que mantener una postura más neutra durante el descanso podría ser beneficioso, sobre todo en personas con riesgo de enfermedades oculares.
Sin embargo, eliminar la almohada no es una solución universal. El especialista William Lu, director médico de Dreem Health, subraya que la postura al dormir juega un papel más importante que el uso o no de la almohada en sí. Más que prescindir de ella, lo relevante es su altura, firmeza y capacidad para mantener alineados el cuello y la cabeza.
En este sentido, quienes duermen boca arriba podrían beneficiarse de almohadas más delgadas o incluso de no utilizarlas si las convencionales generan puntos de presión. Pero para quienes duermen de lado, la almohada cumple una función esencial: evitar que el cuello se incline de forma inadecuada. Sin este soporte, pueden aparecer molestias, rigidez o dolor en la zona cervical, hombros e incluso brazos.
La especialista en trastornos del sueño Saema Tahir advierte que la evidencia disponible aún es limitada para hacer recomendaciones generales. En algunos casos, explica, elevar ligeramente la cabecera de la cama puede ser una alternativa más eficaz que eliminar la almohada, especialmente en personas con problemas específicos de salud ocular.
Además del impacto físico, la calidad del descanso también puede verse afectada. Dormir sin el soporte adecuado puede provocar interrupciones del sueño o incomodidad, lo que a largo plazo repercute en el bienestar general. Esto es especialmente relevante en personas que roncan o padecen dolores cervicales.
Otro punto importante es la postura al dormir. Por ejemplo, dormir boca abajo puede aumentar la presión sobre los ojos, mientras que hacerlo de lado o boca arriba, con una alineación adecuada, suele ser más recomendable. En todos los casos, evitar posiciones extremas o el uso de almohadas demasiado altas resulta clave para reducir tensiones innecesarias.
En definitiva, la ciencia apunta a que pequeños cambios en los hábitos nocturnos pueden tener efectos significativos en la salud, pero siempre bajo un enfoque personalizado. La decisión de dormir con o sin almohada debe considerar factores como la postura habitual, la condición física y la presencia de enfermedades previas.
Más que eliminar la almohada, el objetivo es encontrar un equilibrio entre comodidad, soporte y salud. Ajustar la forma en que se descansa puede ser una estrategia sencilla para proteger tanto la salud ocular como el bienestar general.