El pie diabético es una de las complicaciones más graves y complejas de la diabetes. Surge cuando el daño a los nervios y los problemas de circulación reducen la sensibilidad y dificultan la cicatrización de heridas, lo que abre la puerta a úlceras crónicas e infecciones que, si no se tratan a tiempo, pueden derivar en amputaciones. Ahora, un nuevo estudio internacional revela que estas infecciones representan un reto aún mayor de lo que se pensaba debido a la presencia de bacterias altamente diversas y resistentes a los antibióticos.
Investigadores del King’s College de Londres y la Universidad de Westminster analizaron infecciones de pie diabético causadas por Escherichia coli en pacientes de diez países, entre ellos Nigeria, Ghana, Suecia, Malasia, China, Corea del Sur, Brasil, India y Estados Unidos. El trabajo, publicado en la revista Microbiology Spectrum, mostró que no existe una sola variante de esta bacteria implicada en las infecciones, sino múltiples linajes capaces de adaptarse y sobrevivir en las heridas crónicas.
Para llegar a estas conclusiones, los científicos secuenciaron el genoma completo de 42 cepas de E. coli aisladas de úlceras infectadas. El análisis reveló una diversidad genética notable: se identificaron siete grupos filogenéticos y 28 tipos de secuencia distintos. Además, el llamado pangenoma incluyó más de 18 mil grupos de genes, de los cuales solo una fracción estaba presente en todas las cepas, mientras que más de 11 mil aparecieron de forma exclusiva en algunos aislados.
Uno de los hallazgos más preocupantes fue el alto nivel de resistencia a antibióticos. El 78% de las cepas analizadas se clasificó como multidrogorresistente o extremadamente resistente. En varios casos, se detectaron genes que confieren resistencia a antibióticos de uso común y también a fármacos de último recurso, como la colistina y los carbapenémicos. Esto significa que no existe un antibiótico único que funcione de manera eficaz contra todas las infecciones de pie diabético causadas por E. coli, lo que complica seriamente el tratamiento.
El estudio también identificó genes que favorecen la adhesión de las bacterias a los tejidos y la evasión del sistema inmunitario, lo que ayuda a explicar por qué muchas de estas infecciones son persistentes y difíciles de erradicar. Aunque las bacterias comparten funciones metabólicas básicas, presentan diferencias que les permiten adaptarse a distintas condiciones dentro de la herida, desde zonas con poco oxígeno hasta tejidos dañados o necrosados.
Estos resultados obligan a repensar las estrategias de atención. El uso empírico de antibióticos, es decir, sin identificar previamente el germen causante, puede favorecer la aparición de superbacterias resistentes y empeorar el pronóstico del paciente. Por ello, los investigadores recomiendan incorporar de manera sistemática la vigilancia genómica y el monitoreo de la resistencia antimicrobiana en el diagnóstico y tratamiento del pie diabético, así como el uso de pruebas moleculares rápidas que orienten la elección del antibiótico más adecuado.
La prevención sigue siendo una pieza clave. El autocuidado, el uso de calzado apropiado, la revisión frecuente de los pies y el control adecuado de la glucosa pueden reducir de forma significativa el riesgo de desarrollar úlceras. Sin embargo, cuando la infección ya está presente, la atención debe ser integral y personalizada. Expertos en pie diabético subrayan la importancia de limpiar profundamente la herida, tomar cultivos para identificar el patógeno y evaluar factores como la profundidad de la lesión, la posible afectación ósea y la presencia de isquemia en los miembros inferiores.
Además, en muchos casos es necesario un abordaje multidisciplinario que incluya infectólogos, cirujanos, endocrinólogos y personal de enfermería especializado. La hospitalización puede ser indispensable cuando hay infecciones graves, necesidad de drenaje quirúrgico o problemas severos de circulación.
El mensaje central del estudio es claro: las infecciones del pie diabético no son iguales en todos los pacientes. La alta diversidad genética de las bacterias y su creciente resistencia a los antibióticos hacen indispensable abandonar los tratamientos generalizados y avanzar hacia estrategias terapéuticas personalizadas. En un contexto donde “el tiempo es tejido”, como recuerdan los especialistas, diagnosticar y tratar de forma precisa puede marcar la diferencia entre la recuperación y la pérdida irreversible de una extremidad.