“CETES: el ancla financiera en tiempos de incertidumbre”: Manuel Herrejón

Por Juan Pablo Ojeda

 

El entorno financiero que enfrenta México al inicio de 2026 ha reconfigurado las decisiones de ahorro e inversión de personas y empresas. Con una política monetaria restrictiva, niveles elevados de tasas de interés y un escenario internacional marcado por volatilidad e incertidumbre, los instrumentos de deuda gubernamental de corto plazo, particularmente los Certificados de la Tesorería de la Federación (CETES), han recuperado relevancia dentro de las estrategias financieras.

Datos del Banco de México muestran que, tras los ajustes implementados para contener la inflación, las tasas de referencia se han mantenido en niveles históricamente altos, lo que ha incrementado el atractivo relativo de los instrumentos gubernamentales. En este contexto, los CETES ofrecen rendimientos competitivos con un perfil de riesgo bajo, al estar respaldados por el gobierno federal.

De acuerdo con el análisis de Manuel Herrejón Suárez, especialista en finanzas y mercados, el renovado interés por los CETES no obedece a una transformación del instrumento, sino al cambio en las condiciones económicas. “Cuando el entorno se vuelve más incierto y el costo del dinero aumenta, los inversionistas tienden a priorizar la preservación de capital y la certidumbre sobre la búsqueda de rendimientos extraordinarios”, señala.

Y es que, la deuda gubernamental ha funcionado históricamente como un punto de referencia para el sistema financiero mexicano. En periodos de volatilidad cambiaria, tensiones geopolíticas o ajustes monetarios, estos instrumentos suelen ganar terreno frente a opciones de mayor riesgo. El comportamiento reciente del mercado confirma esta tendencia: plataformas de inversión y datos oficiales reflejan un incremento en la participación de personas físicas en instrumentos de ahorro gubernamental.

Este fenómeno también evidencia un cambio en el perfil del ahorrador. Tras años en los que predominó la búsqueda de rentabilidad sin una evaluación integral del riesgo, el contexto actual ha impulsado decisiones más conservadoras. Para Herrejón Suárez, este ajuste responde a una necesidad de orden financiero. “Los CETES cumplen una función específica dentro de un portafolio: ofrecer estabilidad, liquidez y un rendimiento real en determinados escenarios. No sustituyen a otras inversiones, pero sí establecen una base”, explica.

Uno de los principales retos asociados a este resurgimiento es la comprensión del instrumento. Especialistas advierten que persiste la idea de que invertir en CETES equivale únicamente a “guardar dinero”, cuando en realidad se trata de una decisión financiera que debe responder a objetivos claros, plazos definidos y una estrategia patrimonial. El uso indiscriminado o desinformado puede limitar su efectividad dentro del portafolio.

Desde una perspectiva más amplia, el mayor interés por los CETES también pone sobre la mesa la relevancia de la educación financiera. Entender cómo se determina el rendimiento, qué plazo resulta adecuado y cómo se integra la deuda gubernamental a una estrategia diversificada se vuelve indispensable en un entorno de tasas altas. “El problema no es invertir en CETES, sino hacerlo sin criterio”, subraya Manuel Herrejón.

En términos estructurales, los CETES funcionan como un ancla dentro del sistema financiero. Ayudan a reducir la volatilidad de los portafolios y permiten una gestión más ordenada del riesgo. Sin embargo, especialistas coinciden en que no deben interpretarse como una solución única ni como un sustituto de la diversificación.

De acuerdo al análisis de Manuel Herrejón, el consenso apunta a que los CETES seguirán ocupando un lugar relevante en las decisiones de ahorro en México, particularmente mientras se mantenga un entorno de cautela monetaria. Más que una moda, su recuperación responde a una lógica financiera clara: en escenarios inciertos, la previsibilidad adquiere valor.

La decisión de invertir en CETES, concluye Herrejón, debe partir de una pregunta fundamental: para qué objetivo, en qué momento y con qué proporción dentro del portafolio. “No se trata de seguir una tendencia, sino de entender el contexto y tomar decisiones informadas”, concluye.

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