En la era digital, el smartphone se ha convertido en una extensión del derecho a informar y expresarse. En una manifestación, puede servir para documentar abusos, coordinarse con otros, pedir ayuda y amplificar mensajes que de otro modo quedarían invisibles. Pero también implica riesgos: exposición de datos personales, confiscación del dispositivo o uso indebido de la información. Usarlo bien es tan importante como llevar agua o calzado cómodo.
Documentar es una de las funciones más poderosas del celular. Fotos y videos pueden ser evidencia clave ante posibles abusos de autoridad o agresiones. Para hacerlo con mayor seguridad, conviene grabar en horizontal, registrar referencias de lugar y tiempo, y evitar narraciones impulsivas que puedan poner en riesgo a terceros. Si la situación se tensa, prioriza tu seguridad antes que obtener una toma “perfecta”. El objetivo es dejar constancia, no exponerte innecesariamente.
Existen apps diseñadas para este fin que pueden marcar la diferencia. Algunas permiten subir automáticamente fotos y videos a la nube para que el material no se pierda si el teléfono es dañado o retenido. Otras facilitan la transmisión en vivo, lo que reduce la posibilidad de manipulación del contenido y genera testigos en tiempo real. También hay aplicaciones de mensajería con cifrado de extremo a extremo que protegen las comunicaciones del grupo y evitan filtraciones innecesarias.
La comunicación durante una protesta requiere previsión. Las redes móviles pueden saturarse, por lo que es útil acordar puntos de encuentro físicos y horarios antes de salir. Mantener la batería cargada es básico: una pila externa puede ser tan importante como el propio teléfono. Desactivar funciones que no uses, bajar el brillo de la pantalla y cerrar apps en segundo plano ayuda a alargar la autonomía.
La seguridad digital es otro frente clave. Antes de asistir, considera proteger el acceso al teléfono con un PIN fuerte o biometría y desactivar las notificaciones visibles en pantalla bloqueada. Respaldar contactos y archivos importantes evita pérdidas irreversibles. También es recomendable revisar permisos de las apps y desactivar la geolocalización en aquellas que no la necesitan, para reducir el rastro digital.
Cuidar a otros también forma parte del uso responsable. Evita publicar rostros de personas que no hayan dado su consentimiento, especialmente en contextos de riesgo. Difuminar caras y placas, o grabar desde ángulos generales, protege a quienes participan. La documentación ciudadana gana fuerza cuando es ética y consciente de sus consecuencias.
Finalmente, recuerda que el smartphone es una herramienta, no un escudo. Saber cuándo guardarlo, observar el entorno y mantener la calma es parte de la estrategia. Usado con inteligencia, el celular puede amplificar voces, generar memoria colectiva y contribuir a la rendición de cuentas, sin perder de vista lo más importante: regresar a casa a salvo.














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