La caída de “El Mencho” este domingo 22 de febrero no es solo el fin de un prófugo; es el inicio de una reconfiguración violenta en el mapa criminal. Funcionarios de primer nivel confirmaron a Milenio que el capo fue abatido por el Ejército Mexicano en Talpa de Allende, Jalisco. Sin embargo, a diferencia de otros grupos, aquí no hay un «príncipe» listo para la corona, lo que anticipa una guerra interna entre los «duros» de la organización.
El árbol familiar: un tronco seco
La sucesión directa está prácticamente descartada. Rubén Oseguera González, conocido como «El Menchito», purga una cadena perpetua en Estados Unidos, lo que lo borra del mapa. Por otro lado, su hijastro, Juan Carlos Valencia González, alias «El R3» o “03”, aunque es cercano al mando central, no tiene el peso necesario para alinear a todas las facciones.
Aun así, el Departamento de Estado de EE. UU. no le quita el ojo de encima y mantiene una recompensa de 5 millones de dólares por su cabeza. Para especialistas como Oscar Balderas, la falta de un heredero natural deja la puerta abierta a los señores de la guerra regionales.
Los rostros que buscan el control
El Gabinete de Seguridad y agencias como la DEA tienen la mira puesta en cuatro perfiles estratégicos que ya mueven sus piezas tras el operativo de este domingo:
- Audias Flores Silva, «El Jardinero»: Responsable de la logística y brazo armado en varios estados. Es, quizás, el perfil con más fuerza operativa.
- Gonzalo Mendoza Gaytán, «El Sapo»: Jefe regional en zonas de alto conflicto; un hombre clave en la expansión territorial.
- Julio Alberto Castillo Rodríguez, «El Chorro»: Yerno del fallecido capo y encargado del movimiento de mercancía en el puerto de Manzanillo, Colima.
- Ricardo Ruiz Velasco, «RR»: Famoso por sus videos de propaganda y control de células de choque.
Un escenario de incertidumbre
La muerte del líder en su zona de dominio directo en Jalisco desató una ola de 252 bloqueos en 20 estados, lo que demuestra que, aunque el jefe cayó, la estructura sigue aceitada. El reto para las instituciones de seguridad de México será contener la violencia que suele brotar cuando los mandos medios pelean por el pastel.
Por ahora, la moneda está en el aire y el Ejército Mexicano mantiene el estado de alerta máxima en el occidente del país.