T-MEC y Reforma Judicial: Inversionistas exigen reglas claras ante incertidumbre económica

Tensión comercial por Reforma Judicial; socios del T-MEC piden certeza para mantener inversiones en México.

La cosa está que arde en los despachos de los altos ejecutivos y no es para menos. La implementación de la Reforma Judicial y la inminente revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han encendido los focos rojos en el sector financiero. Los inversionistas, que no dan paso sin huarache, están pidiendo a gritos certeza jurídica antes de soltar la lana, advirtiendo que sin reglas claras, el flujo de capitales podría atorarse justo cuando el país más lo necesita.

El meollo del asunto radica en la elección popular de jueces y magistrados, un cambio que ha dejado con el ojo cuadrado a nuestros socios comerciales del norte. Para las empresas extranjeras, la independencia judicial es el árbitro que garantiza que el partido se juegue limpio; sin ella, temen que los litigios comerciales se conviertan en una moneda al aire. No es que no quieran entrarle al mercado mexicano, es que nadie quiere apostar su resto si sienten que la mesa está inclinada.

En este escenario de estira y afloja, el fenómeno del nearshoring —esa oportunidad de oro para traer fábricas de Asia a suelo azteca— podría estar en la cuerda floja. Los expertos señalan que, si no se «plancha» bien el tema de la seguridad legal, se nos podría ir el tren. Las empresas transnacionales están en modo de espera, con el freno de mano puesto, aguardando señales claras de que sus inversiones estarán blindadas ante cualquier cambio de humor político.

Desde Palacio Nacional, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha intentado calmar las aguas, asegurando que el Estado de Derecho no se toca y que la reforma busca limpiar la casa, no tirarla. Sin embargo, del dicho al hecho hay mucho trecho, y los capitanes de la industria, tanto nacionales como gringos, piden ver para creer. La narrativa oficial busca convencer de que hay piso parejo, pero en las mesas de negocios se exige que eso quede por escrito y bien firmado.

No hay que olvidar que estamos a tiro de piedra de la revisión del T-MEC en 2026. Este examen no será un día de campo; Estados Unidos y Canadá ya han sacado la lupa y están revisando con pincitas cada movimiento de México. Si el Poder Judicial se percibe como un brazo más del Ejecutivo, podríamos enfrentar paneles de controversia que nos saldrían en un ojo de la cara, poniendo en riesgo las ventajas arancelarias que mantienen a flote gran parte de nuestra economía.

Por su parte, el sector empresarial mexicano, los de pantalón largo, no quitan el dedo del renglón. Organismos como el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) han manifestado que la certeza jurídica es el aceite que hace girar los engranajes del desarrollo. Sin jueces imparciales, dicen, los contratos se vuelven papel mojado y la confianza, que tarda años en construirse, se puede desmoronar en un santiamén.

Para el ciudadano de a pie, el que se rifa en el Metro y la combi, esto no es un tema lejano de oficinas de cristal. Si la inversión se frena, el golpe se siente en la falta de chamba y en que la quincena rinda menos. La estabilidad del dólar y los precios de la canasta básica dependen, en gran medida, de que los dólares sigan llegando y de que las empresas sigan abriendo cortinas en la capital y el resto del país.

Lo que sigue en las próximas semanas será crucial. Se espera una serie de reuniones de alto nivel para intentar desenredar esta madeja. La diplomacia mexicana tendrá que echar toda la carne al asador para demostrar que la reforma es compatible con los compromisos internacionales. Se trata de convencer al mundo de que en México se respetan los tratos y que no se cambian las reglas a mitad del partido.

Finalmente, la moneda sigue en el aire. Mientras los legisladores y jueces se acomodan en el nuevo esquema, los mercados siguen nerviosos, monitoreando cada declaración y cada sentencia. La certeza jurídica y económica hoy vale oro molido, y recuperarla al cien por ciento será la tarea titánica de este sexenio si queremos que la economía marche sobre ruedas y no a vuelta de rueda.

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