En las últimas semanas, la viralidad de los llamados “therians” ha inundado redes sociales, provocando inquietud entre adultos que temen posibles efectos negativos en la salud mental de adolescentes. Sin embargo, la organización Tejiendo Redes Infancia advierte que el principal riesgo no radica en la tendencia en sí, sino en la estigmatización y la violencia digital que pueden desencadenarse cuando el debate público reduce estas expresiones a una “moda” o a una “patología”.
De acuerdo con la agrupación, la exposición pública descontextualizada, las sanciones generalizadas y la burla pueden vulnerar derechos fundamentales como la no discriminación, la integridad personal y la participación cultural en entornos digitales. En ese sentido, subraya que la conversación debe abordarse desde un enfoque educativo y de derechos humanos, y recuerda que cualquier inquietud relacionada con la salud mental debe canalizarse con profesionales especializados.
El fenómeno se vincula con comunidades como el furry fandom, centrado en el interés por animales antropomórficos a través del arte, los disfraces y la narrativa, así como con la therianthropía u otherkin, términos que describen la vivencia identitaria de sentirse parcial o espiritualmente no humano. Mientras que los “furries” suelen enfocarse en la creatividad y la afición compartida en línea, los “therians” refieren un sentido interno de identidad distinto al humano, lo que puede formar parte de procesos personales de exploración.
Tejiendo Redes Infancia explica que la viralización de estos contenidos se ve impulsada por formatos breves y replicables, algoritmos de recomendación y coberturas mediáticas que, en ocasiones, pueden alimentar lo que se conoce como pánico moral. Este fenómeno ocurre cuando un tema se amplifica con enfoques alarmistas que generan miedo colectivo desproporcionado frente a la realidad.

La organización enfatiza que la burla y la ridiculización, lejos de proteger a la juventud, amplifican la exposición y aumentan el riesgo de acoso y discriminación digital. “La patologización o trivialización de estas expresiones ignora que para muchos adolescentes se trata de exploración de identidad y búsqueda de comunidad; el factor dañino principal es el estigma social”, señala.
Entre los riesgos concretos asociados al hostigamiento en línea destacan el aislamiento social, cambios bruscos de ánimo, ansiedad, depresión e incluso autolesiones en casos extremos. Por ello, la agrupación recomienda que los medios de comunicación contextualicen el fenómeno sin ridiculizar y ofrezcan información respaldada por especialistas.
Asimismo, sugiere que escuelas y familias implementen protocolos antiacoso, generen espacios seguros de diálogo y fomenten una cultura de respeto que priorice la dignidad y la participación segura en entornos digitales. El enfoque, insisten, debe centrarse en la protección integral de niñas, niños y adolescentes, evitando respuestas punitivas o estigmatizantes que puedan agravar la situación.
El debate en torno a los “therians” refleja, en última instancia, cómo las dinámicas digitales pueden transformar expresiones identitarias en fenómenos virales. Para expertos y organizaciones civiles, el reto no es censurar ni alarmarse, sino acompañar con información, empatía y políticas de prevención del acoso que protejan el bienestar emocional de las juventudes.