Los espacios de coworking ya no solo ofrecen café ilimitado, salas de juntas y escritorios flexibles. Una nueva tendencia está transformando estos lugares en entornos más cálidos, relajados y emocionalmente inteligentes: la presencia de mascotas que “trabajan” sin proponérselo. Perros y gatos que acompañan a sus dueños —o que forman parte oficial del staff— se han convertido en reguladores silenciosos del ambiente laboral, reduciendo estrés, suavizando tensiones y fomentando una cultura más humana.
El fenómeno no es del todo nuevo, pero sí ha cobrado una fuerza inédita tras años de teletrabajo. Muchas personas descubrieron que compartir espacio con sus mascotas mejoraba su concentración y su estado de ánimo. Ahora, al volver a oficinas o coworkings, buscan conservar esa sensación de compañía. La respuesta ha sido natural: cada vez más lugares adoptan políticas “pet friendly” e incluso integran animales como embajadores de bienestar.
Lo interesante es que estos animales no “trabajan” en el sentido tradicional, pero su presencia genera efectos tangibles en el comportamiento humano. Investigaciones sobre interacción humano-animal muestran que acariciar a una mascota por unos segundos reduce la producción de cortisol —la hormona del estrés— y aumenta la de oxitocina, asociada a la calma y la conexión social. En espacios donde los deadlines y la saturación mental son moneda corriente, estos pequeños gestos se vuelven terapéuticos.
Los perros, por ejemplo, actúan como puentes sociales. Su energía, curiosidad y disposición a acercarse a cualquiera generan momentos espontáneos de interacción. Un par de minutos saludando a un labrador amigable o acompañando a un pug en un recorrido por los escritorios pueden suavizar el tono de una jornada complicada. Su efecto es tan notable que algunos coworkings ya tienen “perros de la casa”, seleccionados por su carácter equilibrado y entrenados para convivir en ambientes concurridos.
Los gatos tienen un rol distinto, pero igualmente valioso. Aunque suelen moverse con más independencia, su simple presencia —durmiendo en una silla vacía, acurrucados en una esquina soleada o paseando con calma entre pasillos— genera una atmósfera más pausada. Su actitud tranquila invita, casi por imitación, a bajar revoluciones. En algunos coworkings, los gatos se convierten en un símbolo del espacio: un recordatorio silencioso de que trabajar no tiene que sentirse como una carrera continua.
El impacto emocional también se traduce en mejoras prácticas. Equipos que conviven con mascotas reportan ambientes menos rígidos, mayor empatía entre colegas y más disposición para resolver conflictos. Las mascotas funcionan como reguladores emocionales, pero también como detonadores de conversaciones informales que fortalecen la convivencia. En espacios donde conviven profesionistas de distintas áreas y empresas, este tipo de puentes puede ser clave.
Por supuesto, no todo es improvisación. Los coworkings que adoptan esta tendencia suelen establecer reglas claras: áreas designadas para animales, requisitos de socialización y vacunación, y espacios “pet free” para personas con alergias o que prefieren trabajar sin contacto con animales. El objetivo es mantener el equilibrio entre bienestar y funcionalidad.
La presencia de mascotas no convierte un coworking en una oficina casual sin estructura. Al contrario: añade una capa de bienestar emocional que mejora el rendimiento y la salud mental de quienes lo habitan. Y tal vez ese sea el mayor acierto de esta tendencia: recordar que detrás de cada proyecto, reporte y reunión, hay seres humanos que funcionan mejor cuando el ambiente es amable.














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